Refundación Nacional

Si estamos en medio de la vía del tren, y se nos viene el tren (como es el caso), tenemos tres opciones, tres: o nos tiramos a la izquierda, o nos tiramos a la derecha, o decidimos quedarnos quietos…y nos lleva el tren.

Parece (y hay muchos indicios) que alguien está promoviendo (decimos: promoviendo) que nos quedemos en medio de la vía. Por supuesto no nos referimos a los activistas ciudadanos que luchan por una Refundación Nacional.

No votar, o anular el voto, o votar por Lagrimita, son decisiones muy parecidas. En ambos casos tienen consecuencias legales; y serán consecuencias según la legislación vigente: la que han aprobado con “mayoría parlamentaria” los que detentan hoy el poder público, Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

No es dejando de votar como se refundará el país. Por una sencilla razón; el realismo indica que esta propuesta válida no logrará unanimidad el primer domingo del próximo junio; y, del otro lado, legalmente sé contarán los pocos votos que haya, contando también con la abulia cómplice de los que voten por no votar, la tercera decisión.

Legalmente, se contarán los cuatro o cinco votos emitidos (o fabricados, o comprados) y sí contarán para la renovación del Legislativo, que nuevamente legislará de acuerdo con las “mayorías parlamentarias”.

El sueño de José Saramago es un sueño muy bonito. Pero es un sueño. En estas tierras se puede volver pesadilla. También quienes tienen intereses particulares pueden votar legalmente y además inducir el voto. No es por ahí como se logrará la refundación necesaria del país.

Mucho menos es realista (sin hablar de ética) la rebelión armada en una sociedad con cientos de miles de individuos armados hasta los dientes, porque los detentadores del poder público del Estado no lo impidieron a su tiempo.

La refundación republicana de la Nación mexicana es una necesidad absoluta. No sólo por la corrupción generalizada de todas las instituciones del país, porque no queda una sola que esté sana (piensen los lectores cuál queda hoy al servicio del pueblo soberano). No es disparatado citar a Omar García, el joven normalista sobreviviente de Ayotzinapa: “El brazo armado del Estado es el Ejército y como tal es lo más podrido que hay dentro del Estado mexicano”. Hay que añadir que fue podrido desde el poder civil, desde la comandancia.

Un Estado incompetente y fallido, que no ha  podido aclarar al pueblo mexicano quién dio a las policías municipales de Iguala la orden de “desaparecer” a los normalistas Ayotzinapa, y después propone a sus padres y madres, y a los mexicanos, que lo superen.

Aun en términos teóricos, la soberanía popular debe valorarse por generaciones: la soberanía debe ser generacional.

Pero las generaciones heredan de la anterior y después transmiten a las que siguen. Nada de nuevo bajo el sol. Algo quedará de la estructura histórica heredada.

La generación revolucionaria del siglo XX sabía muy bien lo que quería para el pueblo mexicano: sabía que venía de una sociedad donde las “cuatro quintas partes” de los mexicanos eran parias, sin acceso al derecho, como se lo plantó en la cara a los miembros del Poder Legislativo don Justo Sierra en 1893, cuando era Ministro de Educación y Justicia en aquella “república” porfiriana.

Ya va avanzando el siglo XXI y notoriamente han quedado inconclusos los postulados prácticos que se asumieron para el XX: hoy INEGI nos confirma que tenemos 60 millones de pobres de solemnidad, o sea la mitad de los mexicanos excluidos y marginados de la atención a la salud, de la nutrición, de la escolaridad, del trabajo productivo y de la vivienda digna, hasta del mercado (con estos eficaces economistas que nos gobiernan).

En “las cuatro grandes columnas del proyecto nacional” (o sea el art. 3ro, el 27, el 123 y el 130) no sólo no se ha hecho toda la tarea, sino que hemos ido para atrás en los 30 últimos años neoliberales. En los Objetivos del Milenio, fijados en Naciones Unidas en el 2000 para el 2015, México presenta resultados vergonzosos. Mientras se hacen programas Por la Vida, tenemos un escalofriante índice de mortalidad infantil triple de Cuba o Portugal, cuatro veces el de Japón o Corea; y encima lo presumen.

El nuevo Constituyente, el de la necesaria Refundación Nacional, tendrá que construirse sobre los cimientos incompletos de lo postulado en 1917.

P.D. El pomposo plan global de vivienda popular anunciado, con exoneraciones fiscales (a los empresarios) “para no encarecer el precio”, será un refrito del programa foxista, que llenó las periferias urbanas de huevitos desocupados, nidos de todo, sin servicios de movilidad, escuelas, clínicas, ni espacios de recreación y severos problemas de agua y su tratamiento. Más de 200 mil viviendas deshabitadas en el país.

 

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