Razones económicas y estratégicas

A la memoria de mi amigo y compañero embajador Antonio Dueñas

Comenta Dilma Rousseff, presidenta de la República Federativa (así deberíamos llamarnos oficialmente) de Brasil. Ahora que se documenta que también la Agencia de Seguridad en Comunicación de Canadá, por medio de un programa informático denominado Olympia, ha estado espiando las comunicaciones del Ministerio de Minas y Energía de Brasil, todo lo relacionado con la actividad energética y de hidrocarburos de ese país.

Documentado por el propio Edward Snowden al periodista Glenn Greenwald, corresponsal del diario The Guardian en Río de Janeiro, que lo difundió por TVGlobo. Donde además se hace saber que esta información estratégica se comunica a los Five Eyes, es decir a los Cinco Ojos de los gobiernos anglos: Gran Bretaña, Canadá, Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda.

Dice Dilma Rosseff que este espionaje adicional “confirma las razones económicas y estratégicas por detrás de tales actos”. Puro sentido común, doña Dilma. Porque aquí, en los Estados Unidos Mexicanos, traemos alguna confusión en el Ejecutivo Federal, que considera que abrir el sector energético y de hidrocarburos de nuestro país a decisiones ajenas a nuestra soberanía, desencadenará nuestro desarrollo económico y social hundido desde 1983. Doble de lo mismo nos salvará.

El secretario (mexicano) de Seguridad Energética de América del Norte, Pedro Joaquín Coldwell, nos sigue atribuyendo “ataduras ideológicas” a los anticuados que estamos convencidos de que el sector petrolero y el eléctrico, y energético en general, es estratégico para garantizar la soberanía nacional y la sana inserción de la economía global sin llegar en condiciones de desventaja y subordinación.

Quizá porque estamos convencidos también de la importancia que tiene el principio constitucional del artículo 28, que establece que “el Estado contará con los organismos y empresas que requiera para el eficaz manejo de las áreas estratégicas”.

Criterio que, por cierto, aplicó en su propio territorio en 2008 el gobierno federal de los Estados Unidos de América cuando prohibió rotundamente que UNOCAL fuera vendida a Petrochina “por ser una actividad estratégica”. Ellos sí saben lo que es estratégico.

En 1982, cuando en nuestro país las empresas públicas generaban un millón de empleos y respondían por el 11.8 por ciento del producto nacional, y México contaba con 48 mil 300 millones de barriles de petróleo en reservas probadas (cuatros veces las actuales), entonces Pemex destinaba 1 millón 620 mil barriles diarios a las refinerías nacionales; y sólo 555 mil barriles al día para la exportación.

Ahí es donde está todo el tema central de esta iniciativa de reforma energética: cuánto crudo destinaremos para la exportación, ya saben a dónde, y cuánto a nuestra actual planta productiva (y el previsible crecimiento), más la transformación en petroquímica agregando valor (hasta 60 veces, dice el ingeniero Apodaca), incluso exportando petroquímicos y fertilizantes, como se hizo hasta 1982, cuando el barco cambio de rumbo, para volvernos norteamericanos de segunda (muro de por medio) y para garantizar la seguridad energética de América del Norte, ésa sin muro alguno y con facilidades, “pero sin privatizar”.

El valiente presunto mandatario nos hace saber que “asume el costo político” de poner la seguridad energética nacional en manos extranacionales sin consultar a los soberanos, después de que compitió electoralmente para obtener el Poder Ejecutivo con una plataforma electoral que ofrecía exactamente todo lo contrario, y a los que su partido después de la elección traicionó en su XI Asamblea Nacional (donde se desembarazó de la R).

Valiente e ilegítima decisión por tomarla sin consultar a sus mandantes.

Por cierto, ni el Congreso Federal ni el Poder Ejecutivo detentan la soberanía nacional. Detentan un mandato popular acotado en tiempo y en atribuciones. La soberanía la conserva siempre el pueblo soberano, que “tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”.

Es disparatado el desplante de quienes se asumen como “esta soberanía”. Desplante típico de los políticos profesionales que se sienten ungidos por el halo de la autoridad mayestática, casi de origen divino como los Borbones, que les da el dogma de “votas y te vas”.

Encima, el Director de Coordinación de la Secretaría de Energía, Fernando Zendejas, hombre probo y colaborador directo de Pedro Joaquín, nos dice que actuamos con “saña y dolo”.

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