El Premio Nobel y la rectoría económica

Felicidades a las democracias Brasileña y uruguaya

 

El doctor francés Jean Tirole, que recibió este mes el premio anual de economía de la Fundación Alfred Nobel, muy probablemente nunca ha leído el artículo 28 de la Constitución mexicana. Ni el 27.

Sin embargo, todos los trabajos académicos de largos años de este destacado profesor de la Universidad de Troyes han estado permanentemente orientados a estudiar los “resultados indeseables” que los monopolios ocasionan cuando tuercen la economía de mercado; y sobre la necesidad y urgencia de reglamentarla. Lo cual es toda una señal que envía la Real Academia de Ciencias de Suecia a los poderes económicos globales.

Dejaron escrito los constituyentes revolucionarios del 17: “Art. 28 – En los Estados Unidos Mexicanos no habrá monopolios ni estancos de ninguna clase; ni exención de impuestos; en consecuencia la ley castigará severamente y las autoridades perseguirán con eficacia, toda concentración o acaparamiento en una o pocas manos de artículos de consumo necesario y que tenga por objeto obtener el alza de precios; todo acto o procedimiento que evite o tienda a evitar la libre concurrencia en la producción, industria o comercio, o servicios al público…”

Igualmente dejaron establecido en el artículo 27: “La Nación tendrá en todo tiempo el derecho de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público, así como regularizar el aprovechamiento de los elementos naturales susceptibles de apropiación, para hacer una distribución equitativa de la riqueza pública y para cuidar su conservación”.

La reglamentación de la economía y de su funcionamiento ha sido precisamente el gran interés del doctor Jean Tirole y su gran preocupación profesional.

Dice la Real Academia de Ciencias de Suecia al motivar su premio: “Muchos sectores industriales están dominados por un pequeño número de grandes empresarios o por un monopolio. Si no se regulan, esos mercados producen a menudo resultados indeseables, como precios más elevados que los generados por los costos, o empresas improductivas que sobreviven bloqueando el acceso de otras nuevas o más productivas”.

En los albores del siglo XX los padres constituyentes en México, que habían dirigido la rebelión popular contra la orientación económica y la opresión política del porfirismo que explotaba a las grandes masas populares poniéndose al servicio de los grandes intereses económicos nacionales del viejo régimen agrario y sobre todo de los internacionales apropiándose de los recursos naturales de la nación, sí tenían muy claro que es lo que debían plasmar en el Texto Rector como proyecto nacional.

Comprendían con claridad la utilidad social de la libre concurrencia en la economía de mercado. Pero, precisamente por eso, consideraron que desde el poder soberano habría que estar atentos, y actuar, frente a sus propias distorsiones: monopolios, estancos, exenciones fiscales y privilegios; “el derecho de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público, así como el de regular…”

Regular ha sido precisamente el gran tema profesional del doctor Jean Tirole, que lo ha llevado a que la Real Academia de Ciencias de Suecia le haya concedido el Premio Nobel de Economía. Dado que lo ha estudiado “más profundamente que ningún economista antes que él”.

Hace unos días el perspicaz David Brooks reseñó a la revista Forbes (nada menos): los 400 estadounidenses más ricos conjuntan una riqueza de 2.29 billones de dólares, lo que equivale aproximadamente a todo el producto nacional de Brasil. David Brooks recuerda que “buena parte de esas fortunas son generadas por los fondos hedge, o como se conocen en Argentina: fondos buitres”.

Cada día queda más claro que las políticas neoliberales que dominan la economía global desde hace cuatro decenios, y que han sido asumidas por muchos gobiernos, entre ellos el mexicano, la están llevando a la quiebra; y que la apropiación desbocada del fruto del trabajo de las mayorías nos está conduciendo al derrumbe social y a la pudrición política. Ninguna cruzada tendrá eficacia contra esa torcida estructura.

Nada menos que el presidente del Banco Mundial Jim Young Kim cita estudios de Oxfam: “La riqueza combinada de las 85 personas más ricas del mundo alcanza un monto equivalente a la que corresponde a 3 mil 600 millones de las más pobres. Un grupo mucho menor que el número de personas en este auditorio posee mayor riqueza que la mitad de los habitantes del planeta”.

La economía mundial tiene un crecimiento miserable que promedia 2 por ciento. Sólo los países con rectoría estatal, como China o India o Bolivia, tienen tasas superiores al 6 por ciento. No sobra recordar que Japón pasó en 40 años del feudalismo a ser una potencia mundial bajo la férrea rectoría del poder público.

 

 www.estebangaraiz.org