Polarización al Norte

¡Quién lo había de decir! En el país considerado el más capitalista del mundo (aún cuando tenga una fortísima rectoría del Estado) ahora resulta que la intensa batalla electoral se está fundamentando en la lucha de clases: trabajo frente a capital.

Algunos lectores de este espacio recordarán quizá que hace algún tiempo advertíamos sobre este fenómeno insólito del creciente apoyo ciudadano, sobre todo entre los jóvenes y mujeres y (sobra decirlo) entre las minorías de inmigración reciente, y, por supuesto, entre los descendientes de los esclavos africanos de más de 200 años de arraigo en el país, a un hombre no tan joven que se identifica abiertamente como socialista y como demócrata: Bernie Sanders.

Pero mucho más allá de colores de piel o de procedencia planetaria (el propio Sanders tiene tres nietos adoptados de origen chino) la esencia de este apoyo confluyente y arrolladoramente crecido es con toda claridad el hecho de que se trata del 99 por ciento que se gana la vida honradamente con su trabajo, que consideran mal remunerado en todos los aspectos.

Del otro lado, del Partido Republicano, la aversión a la originaria cultura ideológica del “país de inmigrantes” (de lo que presumían) está llegando a extremos patológicos y hasta suicidas.

Están horrorizados los precandidatos de ese partido por lo que consideran anímicamente como un círculo vicioso: cuantos más inmigrantes de las clases inferiores se ven ellos obligados a admitir y reconocer como ciudadanos, más crecerán los reclamos, ya legalizados, a una vida digna y a una mayor migración sin trabas de los dreamers, que los ponga a los pudientes en clara minoría, también política, en un país que alardea de democrático (y maestro de democracia).

Incluso dos de ellos, de apellido inconfundiblemente español: Cruz y Rubio y de inmigración generacionalmente muy cercana, pretenden ocultar su ascendencia para no ser confundidos con la masa trabajadora: con los del 99 por ciento, como se proclaman los okupas de Wall Street.

Lucha de clases inocultable en el paraíso capitalista. Ahora abiertamente en la batalla electoral. Es más: como ya han hecho notar los reportajes, los fondos aportados a la campaña del Senador Sanders son pulverizados entre muchos aportantes y en pequeñas cantidades individuales.

En contraste, como ocurre siempre, los fondos obtenidos por los precandidatos del Republicano, y aun por la señora Hillary Clinton del Demócrata, son cantidades espectaculares de pocos aportantes: capitalistas, los del 1 por ciento.

Los seguidores de las campañas y los analistas políticos, después del asombro que no pueden ocultar ante el impresionante apoyo popular en favor de Bernie Sanders, adelantan que sería casi imposible que llegue a la presidencia, e incluso a la candidatura del Partido Demócrata.

Anticipan que los puntos centrales de su programa serían bloqueados automáticamente en el Congreso, no sólo por los Republicanos (naturalmente) sino también por la mayoría de los Demócratas; es decir: por los políticos profesionales.

En general, pronostican que finalmente la presencia del socialista Sanders no llegará al poder y quedará en campaña testimonial. “El corazón late a la izquierda pero el cerebro está en el medio”

No será poco. Tampoco será la única campaña en el mundo que tiene como resultado un gran despertar ciudadano; especialmente entre los ciudadanos de la clase mayoritaria: la del 99 por ciento que trabaja y produce y así se gana la vida.

Decíamos aquí en septiembre de 2015 que Sanders proclama en sus actos de campaña que “la oligarquía del 1 por ciento está usurpando la democracia estadounidense”.

“Nos enfrentamos a una clase multimillonaria que ha comprado nuestro sistema político para enriquecerse. Su avaricia está destruyendo a Estados Unidos. Este país nos pertenece a todos y no sólo a unos cuantos millonarios.”

Quizá por eso, tiene Sanders más de millón y medio de seguidores en Facebook y reúne mítines con más de 27 mil asistentes. Quizá por eso ha rebasado ya en las encuestas a la moderada, cerebral del centro Hillary Clinton, desesperada en una “campaña que no arranca”.

Pronóstico reservado, porque en el extremo de los casos Sanders obligará a la señora Clinton a correrse un tanto hacia los reclamos mayoritarios y juveniles, por ejemplo de los universitarios endeudados hasta las cachas para poder seguir estudiando o de los más de 27 millones de electores hispanos; y así llegar ella a noviembre.

Porque del lado Republicano los planteamientos antimigrantes, xenofóbicos y contrarios al sistema de salud para todos, los lleva claramente al suicidio político.

P.D. Cualquier semejanza con la realidad podría ser mera coincidencia.

 

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