Planetario: vergüenza de Guadalajara

De verdad que causa dolor, tristeza, desilusión, enfurecimiento (de cabrito crecido), pasar a visitar las ruinas de lo que fue un bello proyecto público (docere delectando, decían los clásicos latinos) de educación divertida de los niños, adolescentes, adultos, familias enteras de extracción popular, en los avances de la ciencia y la tecnología que gradualmente van impactando en la vida y en la convivencia, y también en el desarrollo intelectual de todos nosotros.

Un proyecto social de gran impacto destruido criminalmente, derrochando y tirando a la basura (eso es hoy) recursos populares de todos, por la criminal voracidad de quienes llegaron al poder público municipal enarbolando la bandera de la honestidad y el “bien común”, y del combate a la corrupción.

Engañaron a los electores confundiendo la eficacia con la voracidad lucrativa de la empresa privada con recursos públicos, o sea de todos los mexicanos. Salieron más corruptos que los corruptos. La maldita “competitividad” destruyó la fraternidad republicana y se redujo a ver quién se apropiaba de manera privada de lo que era de todos; y procedieron a transformar en empresas privadas lo que era, y había sido concebido como un hermoso servicio público para el bien de todos.

Por cierto, estamos llegando a tales absurdos en la mezcolanza público-privada, que ahora en las más importantes vialidades de la metrópoli tenemos engañosos carteles aparentemente viales, que son en realidad anuncios comerciales, pagados a no se sabe quién, imitando incluso el color oficial de los anuncios viales; y generando confusión en los conductores.

Fue en 1982 durante la administración municipal de don Arnulfo Villaseñor, sin duda uno de los mejores presidentes de Guadalajara en su historia, además de hombre comprometido con las causas populares y reconocido como cabalmente honrado.

En su gobierno los recursos del pueblo se usaron a favor el pueblo, de todo el pueblo. En esos casos, los más favorecidos con el proyecto, como fue el del Planetario, pasaron a ser los que han estado menos favorecidos. Jóvenes adultos de hoy, mujeres y hombres, recuerdan con agrado la visita que hicieron al Planetario con sus familias: cómo les abrió su horizonte mental en esta hermosa lección fuera de las clases escolares. Sólo la voracidad estúpida pudo echar abajo este hermoso espacio de desarrollo familiar.

El Centro de Ciencia y Tecnología Planetario de Guadalajara fue inaugurado el 18 de diciembre de 1982, y “cubrió una necesidad natural de la población de la zona conurbada de Guadalajara, de tener un espacio equipado para conocer de las ciencias de una manera lúdica, en particular de la astronomía y la física. Incluso llegó a tener presencia en el ámbito nacional, al ser la sede, en 2005, del XX Encuentro Nacional de Divulgación Científica auspiciado por la Sociedad Mexicana de Física. “¿Cómo un espacio e institución de tanta utilidad cayó en el olvido?” se preguntaban Durruty Jesús de Alba Martínez y Mónica Martínez Borrayo en nota del 2011.

La doctora María Alejandra Sánchez Vázquez, en su tesis de grado en la Universidad de Manchester 2004, consigna: “tuve tiempo de escuchar las historias de los años buenos. Se me dijo que mucho de lo que ocurre dentro de las paredes del Planetario depende del interés que muestran empresarios u hombres de estado”.

En efecto, durante la administración municipal del doctor Alfonso Petersen Farah se aprobó y emitió un decreto municipal que extinguió el Organismo Público Descentralizado de la Administración Pública Municipal denominado Patronato del Centro de Ciencias y Tecnología Planetario Severo Díaz Galindo.

Lo demás se sigue con normalidad: activos de enorme valor monetario y científico se arrumban en bodegas, donaciones y demás; hasta el cierre y desmantelamiento completo de un espacio de inmenso valor social. Por una decisión política irresponsable y criminal.

Como siempre en estos casos de desvío público-privado, aparece una empresa española. En este caso el negocio lucrativo para empresarios y hombres públicos sería Mecano con el proyecto Puerta Guadalajara.

¿Dónde quedó la bolita? Lo único que ven los habitantes de Guadalajara, al pasar, es el desastre, las ruinas, el despilfarro de los recursos públicos herrumbrándose en un país endeudado cada día más.

La gente lo único que sabe es que aquella hermosa oportunidad de conocer la ciencia de manera divertida se acabó. Si el espacio se vuelve un recinto para las fiestas de octubre, con nuevos y muy fuertes recursos de inversión, bien podría pensarse en algún modo de uso en favor de la ciencia: durante el año: docere delectando, enseñar divirtiendo.

No se puede olvidar que la educación pública universal y gratuita es una obligación del Estado: Federación, estados y municipios; lo dice el Artículo Tercero.

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