Petróleo libre asociado

Puerto Rico nunca ha sido una isla independiente de poderes externos (salvo en la época paradisíaca antes de la llegada de los españoles). Hoy se le llama formalmente Estado Libre Asociado. Asociado con la gran potencia norteamericana, que tiene establecida en la isla una gran base militar más allá de la vecina Cuba.

“Preciosa serás sin bandera, ni lauros ni gloria; preciosa te llaman los hijos de la libertad, isla de Borinquen”. Los puertorriqueños no votan en las elecciones federales de los Estados Unidos; pero los varones están sometidos a la conscripción del ejército norteamericano.

Desde los tiempos de la Colonia española, al igual que las demás islas del Caribe, representó un fuerte atractivo para los piratas anglos, con su nombre tentador y sus plantaciones de azúcar y tabaco, trabajadas con el sudor y la sangre de los esclavos arrancados de sus tierras africanas.

Cuando en la cercana Cuba, en 1898 los revolucionarios organizados e inspirados por José Martí iban ganando la guerra contra el decadente imperio colonial español, apareció en el puerto de La Habana el acorazado Maine de la armada de los Estados Unidos de América. El 15 de febrero el Maine fue destruido por una explosión.

Hoy queda plenamente documentado que fueron los propios agentes del gobierno de los Estados Unidos los que volaron el acorazado (cualquier semejanza con las armas químicas de Siria es pura imaginación calenturienta de izquierdosos paranoicos). Eso les dio el pretexto para declarar la guerra a España en el momento oportuno y así pasar a quedarse con las últimas posesiones coloniales del imperio español decadente: Cuba, Puerto Rico, Filipinas.

Estamos hablando de la época cuando las autollamadas democracias occidentales no tienen ningún inconveniente en incurrir en la incongruencia teórica de poseer colonias con habitantes de segunda categoría. Es más: en sus propios territorios los ciudadanos son los propietarios, no la prole.

Por cierto, que en España la derrota y el derrumbe colonial provocó todo un proceso de introspección y de recomposición que se expresó a través de la espléndida Generación del 98 con figuras tan señeras como Azorín, Pío Baroja, Miguel de Unamuno, Manuel y Antonio Machado (más conocido aquí por el cantautor Joan Manuel Serrat), Ramón María del Valle Inclán, Ramiro de Maeztu, Jacinto Benavente e incluso José Ortega y Gasset.

Volviendo al archipiélago caribeño, todo el mundo sabe que la Enmienda Platt de 1903 fue el edicto imperial condicionante para que la isla de Cuba obtuviera la independencia de parte de Estados Unidos, previa separación de la Bahía de Guantánamo, por lo cual esa base nunca ha formado parte integrante de la República de Cuba.

Por lo que toca a Puerto Rico, había que encontrar la fórmula democrática que diera sustento legal a las avanzadas del imperio más allá de Cuba y de Haití–Dominicana frente al resto de América.

De la ocupación por la fuerza de colonias y posesiones o protectorados territoriales, la supremacía “occidental” pasó a la apropiación de los grandes recursos naturales estratégicos en soberanías formales de otros pueblos por la vía de la propiedad privada, en territorios ajenos “independientes”: cobre, estaño, guano, fosfatos, petróleo, níquel, ahora litio y también plantaciones.

Todas las guerras locales en países africanos tienen que ver con la apropiación exterior sobre recursos estratégicos. No digamos en el llamado Medio Oriente. También en América ha sido la verdadera raíz de guerras inducidas desde los grandes epicentros de poder económico.

México ya perdió en el siglo XIX la mitad de su territorio y los dos grandes puertos del Pacífico: San Francisco y San Diego. Durante la Segunda Guerra Mundial, en la presidencia de Manuel Ávila Camacho, supo defender su costa del Pacífico bajo la comandancia del ex-presidente Lázaro Cárdenas. Hasta hoy México es el único país de América que no tiene una base militar de los Estados Unidos (aunque tengan oficinas de la DEA y de la CIA, que, al parecer, no se entienden bien entre sí).

Ahora viene la iniciativa del Ejecutivo federal: para garantizar la seguridad energética de América del Norte, incluyamos el petróleo en el Tratado de Libre Comercio; eliminemos pequeños nacionalismos del artículo 28, por uno más grande y regional; abramos las puertas en el derecho internacional público para que las grandes empresas puedan reclamar sus derechos de propiedad por el derecho internacional privado.

Ya llegó la hora del Petróleo Libre Asociado. Somos norteamericanos. El muro es sólo para los muertos de hambre que piden limosna cerca de las vías.

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