Ojo con la verde alternancia neoliberal

Ya empezó en grande la campaña subliminar oligárquica, no sólo para 2015 sino de una vez para 2018. Que todo cambie para que todo siga igual. Sabe la oligarquía que las masas electoras han despertado; que las mayorías aborrecen al PRI y al PAN; que los gobiernos de ambos, desde la Federación y desde hace 30 años han detentado gobiernos nefastos que han destrozado los derechos de los mexicanos, empezando por los ingresos familiares, y han hundido la economía nacional.

Por ello preparan el plan doble (y hasta triple, si hace falta); el primero, asomando por todas partes, es el plan verde: distinto partido y el mismo programa neoliberal. Alternancia partidaria sin cambio real de políticas: gatopardismo puro.

El segundo es “que se vayan todos”, o sea el voto nulo. Dicho de otro modo: bajar el índice de votos válidos (o sea el denominador) para que suba el índice proporcional de los votos oficiales, y así el triunfo quede garantizado.

Por eso, los ciudadanos despiertos no pueden olvidar cuáles han sido los legisladores, y de qué fracciones partidarias, que han votado en conjunto para lograr las “mayorías parlamentarias” pactistas que han destruido los grandes logros populares revolucionarios que tuvieron los mexicanos desde 1917 y que se fueron instrumentando gradualmente (con altas y bajas) hasta que empezó su demolición sistemática hace 30 años.

O sea: la educación pública cabalmente gratuita y para todos, los derechos laborales incluido el salario mínimo, la matrícula universitaria, la rectoría económica del Estado, que, como dice el Papa Francisco, es “el derecho de los Estados, encargados de velar por el bien común”, cuando se imponen las “ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera”.

No podemos olvidar que esas mayorías parlamentarias del PRI y PAN se redondearon con los votos del partido Verde, con cuyo escudo llegó al gobierno de Chiapas el gobernadorcito que todos los días, todos, aparece en periódicos de circulación nacional, en espacios pagados con dinero de los impuestos de todos, todos los mexicanos. Reparte regalos; no respeta derechos. Hace favores, no cumple con la ley.

Tampoco podemos pasar por alto que hasta meses ha habido siete partidos legalmente registrados pero sólo dos proyectos nacionales: uno el llamado Pacto por México, y el otro el que pretende restaurar los valores nacionalistas.

La nueva plataforma electoral pactista se perfila de color verde, una vez quemados los cartuchos PRI-PAN-PRI. Dinero a raudales en carteles, paredes, páginas en toda clase de impresos y hasta en redes sociales, mintiendo descaradamente acerca de los logros políticos del Verde.

Presumiendo, por ejemplo, “no más cuotas escolares”, cuando sus legisladores sumaron sus votos para la llamada impúdicamente “reforma educativa” que incluyó en un transitorio perdido en la letra menuda la “ autonomía escolar” para que los padres de familia se hagan cargo de los gastos de mantenimiento de los planteles escolares.

Ya no digamos la obsesiva presencia del joven gobernador por toda la geografía del estado de Chiapas (y hasta en el DF) en carteles de plástico, nada ecológicos por cierto, por miles y miles, contaminando la belleza del estado hermano.

El mismo gaviótico esquema, con asesoría materna, según exitoso precedente. Con todo el respaldo de la televisión abierta, aliada (o dueña) del poder público, que ya no puede evitar que salgan a la luz pública las atrocidades de todos los días y en todas las latitudes, que primero no puede evitar que sucedan. Lo cual demuestra el fracaso del estado de derecho.

Por eso, tampoco podemos dejarnos embaucar por el segundo señuelo que nos quieren presentar desde el gran poder real a los ciudadanos: la abstención “porque todos son iguales”.

Resulta muy respetable, y hasta uno puede simpatizar con las diferentes representaciones de los pueblos indígenas y de comunidades agrarias, y diversos activistas políticos de toda la geografía nacional, reunidos los tres primeros días del año en la Universidad de la Tierra en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, que han concluido desechando la esperanza o confianza en que los ciudadanos podamos erradicar por la vía electoral la corrupción, la injusticia y la desigualdad mantenidas por el poder público; y se han pronunciado abiertamente por una actuación política antisistémica.

Es precisamente lo que pretende el gran poder: que cunda la desesperanza y la abulia ciudadana, y se les deje el campo libre para que, con estricto apego a la legalidad actual, siga prosperando la traición a la democracia, a la soberanía del pueblo trabajador.

Hay opciones. Tenemos que encontrarlas. “Tenemos que obligar a la realidad a que responda a nuestros sueños”, como nos dijo Julio Cortázar.

 

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