Mujeres, misoginia y política

Las mujeres son el 52 por ciento de los seres humanos del planeta, el 52 por ciento de los mexicanos, el 52 de los habitantes del Área Metropolitana de Guadalajara. Son el 53 por ciento de los inscritos en el padrón electoral y en el listado nominal del Registro Federal de electores. Tienen clara mayoría ciudadana.

Si es cierta la tesis darwinista de la sobrevivencia del más fuerte, entonces las mujeres son el sexo fuerte: tienen estadísticamente un promedio de vida de 7 años más que los varones.

Como decían las militantes priistas de otros tiempos: “somos la mitad de los mexicanos y las madres de la otra mitad”. Los varones nos matamos unos a otros. Ellas son las portadoras de la vida: engendran, paren, nutren, crían, protegen, cuidan, curan. Ahora, cada día más, son en muchos casos las proveedoras del hogar.

Hace 2,400 años Aristófanes, en una comedia divertida y escabrosa, dejó constancia de Lisístrata, que lideró la primera huelga registrada de piernas cruzadas de las mujeres atenienses contra los maridos empeñados en guerrear. Las mujeres ganaron la batalla; mejor dicho: la paz.

Cuando la presidenta electa por la mayoría ciudadana en un municipio metropolitano rindió su presentación al instalarse el nuevo gobierno, un sesudo reportero observó que había tenido tono femenino. ¿Pues que esperaban, campeones?

Hay en nuestra sociedad abogados ignorantes y arrogantes, que se sienten dueños de la ley que nos obliga a todos (y que a todos nos protege). No han caído en la cuenta de que el mundo sigue rodando y evolucionando desde que ellos dejaron la escuela de leyes.

Nada menos que el Artículo Primero de la Constitución Política dice hoy, en su texto actual, que “En los Estados Unidos Mexicanos todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidos en esta Constitución y en los tratados internacionales”.

También dicta que “Las normas relativas a los derechos humanos se interpretarán de conformidad con esta Constitución y con los tratados internacionales”.

Más claro ni el agua cristalina de los manantiales: están garantizados todos los derechos humanos expresamente establecidos en el Texto Rector y, por virtud del artículo Primero, todos los descritos en los tratados que México ha aprobado y ratificado y que ahora son norma constitucional.

Correspondiente a cada derecho humano está la obligación del Estado Mexicano de respetarlo y hacerlo respetar. Eso quiere decir que si una mujer en México es violentada en sus derechos políticos, el Estado, o sea la autoridad competente, estará obligada a hacerlos respetar. De lo contrario, caerá en omisión culpable.

Ese es el caso de 7 convenciones internacionales y un protocolo facultativo, todos con el propósito central de eliminar cualquier discriminación contra la mujer.

A saber:

-Convención sobre Nacionalidad de la Mujer, OEA, Montevideo, Uruguay, 26 dic. 1933;

-Convención Interamericana sobre Concesión de Derechos Civiles a la Mujer, OEA, Bogotá, 30 de abril 1948;

-Convención sobre los Derechos Políticos de la Mujer, ONU, Nueva York, 20 dic. 1952;

-Convención sobre la Nacionalidad de la Mujer Casada, ONU, Nueva York, 20 feb. 1957;

-Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, ONU, Nueva York, 18 dic. 1979;

-Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la Mujer, llamada “Convención de Belém do Pará”, Brasil, 9 junio 1994;

-Protocolo Facultativo de la Convención de 1979.

Todos estos instrumentos internacionales fueron oportunamente aprobados por México, entre otros muchos países del mundo, y ratificados por el Senado mexicano. Quedan, pues, comprendidos entre los derechos humanos a que hace referencia el Artículo Primero de la Constitución mexicana.

Pero no sólo eso. También en cascada llega jurídicamente hasta lo local. Publicado en el Periódico Oficial del Estado de Jalisco el pasado martes 1 de diciembre 2015 aparece el decreto por el que se reforma y adiciona a la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia.

En dicho texto, el artículo 11 dicta en su fracción VII: “Violencia Política de Genero, las acciones o conductas que causen un daño físico psicológico, económico, moral o sexual en contra de una mujer o varias mujeres de sus familia, que en el ejercicio de sus derechos político-electorales, ya sea como aspirantes, pre-candidatas, candidatas, funcionarias electas o designadas o en el ejercicio de sus funciones político-públicas, tendientes a impedir el acceso a los cargos de elección popular o su debido desempeño, inducir la toma de decisiones en contra de su voluntad o de la ley”.

Retrato hablado. El que pueda entender que entienda.

P.D. “Si las mujeres mandasen

 igual que mandan los hombres,

serían balsas de aceite

 los pueblos y las naciones”

Zarzuela española.


www.estebangaraiz.org