México extrae demasiado petróleo

En memoria de mi querido maestro Mario Ojeda Gómez.

 

México debe reducir su ritmo de extracción de petróleo crudo. México debe vincularse al mercado mundial de hidrocarburos exportando amoníaco, etileno, azufre, polietileno, aromáticos, plásticos, fertilizantes y demás derivados petroquímicos; no crudo.

Con menos de la mitad de los dos millones y medio de barriles que extrae Pemex a diario del subsuelo nacional, tenemos para atender las seis refinerías propias y la planta petroquímica nacional.

No hay ninguna razón seria (más que el agujero fiscal, que se debería resolver fiscalmente) para exportar un recurso acabable del que tenemos reservas probadas para no más de 10 años, según nos han informado las autoridades de la Secretaría de Energía; y sin valor agregado con trabajo nacional.

En cambio sí estamos obligados a refinar en México, sin depender peligrosamente de decisiones ajenas a nuestra soberanía, el crudo propio necesario para completar la otra mitad de las gasolinas y combustibles que requiere a diario la movilidad de toda la vida económica nacional.

Es un serio despropósito que el director de Pemex, Emilio Lozoya Austin, nada menos, replique que pensar en construir gradualmente las otras 5 refinerías que el país necesita para no depender del abastecimiento foráneo (sujeto a decisiones comerciales también foráneas) resulta “cuestionable”.

Una respuesta así, razonada a partir de que hay “capacidad instalada sobrante” en el planeta, es una respuesta de un directivo con visión de empresa, y no con la visión estratégica de Estado que concibe a Pemex con la idea original de garantizar la autonomía económica de la Nación; y no subsumida en una seguridad energética regional, de América del Norte, sujeta a criterios y decisiones externos.

Precisamente porque la capacidad instalada sobra, Pemex no debería pagar los precios excesivos de la gasolina que importa, que le obligan a dar gasolinazos periódicos y, además, a subsidiar el consumo con cantidades aterradoras.

Bueno sería que el empresario director de nuestra industria estratégica hiciera un estudio comparativo (y transparente de cara a los ciudadanía mexicana, no a la SEC) sobre el costo por litro de la gasolina producida en casa con nuestro propio crudo; y el precio que paga por cada litro de gasolina importada.

Así se transparentaría el subsidio al consumidor. Que también es ciudadano y dueño del negocio que nos administra Lozoya.

El 21 de diciembre del año pasado 2012, el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de los Estados Unidos de América, en su documento titulado Oil, México and the Transboundery Agreement, afirma: “la política de seguridad energética de Washington requiere de una evaluación permanente en la industria del petróleo de México”.

Habría que preguntarle al doctor Emilio Lozoya qué es lo que requiere la política de seguridad energética de Los Pinos (o sea la nuestra). De ser necesario podría preguntárselo al señor secretario de Energía; o al titular único del Poder Ejecutivo federal. Los ciudadanos nos quedaríamos muy tranquilos si vemos que coincide con su iniciativa de reforma energética.

Ellos lo tienen muy claro desde hace 100 años; por eso mandaron matar a Madero en 1913 por cobrarles 3 centavos por cada barril de petróleo mexicano extraído. También, de este lado, Lázaro Cárdenas lo tenía claro desde 1920. Por eso procedió a la expropiación petrolera en 1938. Por eso también se desarrolló la próspera industria petroquímica mexicana. Por eso se creó el Instituto Mexicano del Petróleo, que generaba patentes internacionales.

Si en los próximos años habrá sobreabundancia de producción de crudo en el mundo, es razón de más para que México extraiga sólo lo que esté en capacidad (instalada) de procesar y refinar; y refine todo lo que extraiga de crudo.

En el todavía remoto caso que el mundo entero haya sustituido los combustibles fósiles por energías limpias como la solar o eólica, los hidrocarburos que todavía queden en el planeta seguirán siendo apreciable materia prima para la elaboración de una multiplicidad de productos, incluso medicamentos.

La preservación razonable, no avara, de ese recurso natural será la mejor herencia para las futuras generaciones de mexicanos. No el actual despilfarro para tapar el enorme hoyo negro de la incompetencia fiscal; o más bien corrupción y complicidad con quienes más utilidades obtienen y más impuestos deberían pagar.

Ineptitud repetida por años y años, que cubre el deficiente fiscal de cada año echando mano del patrimonio de todos y acabándoselo con desvergüenza. Eso no es política de seguridad energética.

El grave tema del gas shale requerirá de otra nota.

 

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