Israel

El pueblo judío es un pueblo admirable entre las naciones del mundo. Llamado también hebreo o israelita, o simplemente pueblo de Israel, según las circunstancias de tiempo y espacio, ha hecho extraordinarias aportaciones en diversos ámbitos de la cultura (entendida en su amplitud genérica): filosofía, matemáticas, física, economía, finanzas, medicina, astronomía, psicología, arte, arquitectura; y desde luego, religión.

Figuras señeras en la historia de la humanidad: empezando por Moisés y Jesús de Nazaret, Moisés Ben Maimón (Maimónides) médico y filósofo medieval, el sublime Baruch de Spinoza, y en tiempos más recientes: Sigmund Freud, Karl Marx, Franz Kafka, Joseph Stiglitz, Paul Krugman, Albert Einstein. Para no hablar del libro de libros: la Biblia, que tanto ha influido  en el conocimiento y en las decisiones de millones y millones de seres humanos de cualquier origen y latitud.

En México, principalmente a raíz del refugio de Lázaro Cárdenas a quienes huían del exterminio nazi, hemos contado con muy valiosas aportaciones en áreas tales como la física con Tomás Brody o en medicina como los hermanos Bialostowsky, al igual que en la economía y las finanzas.

En cuanto al monoteísmo, bandera esencial del pueblo de Israel y de su libro, la Biblia, sigue en el aire la gran incógnita: era Mosis el príncipe egipcio que decidió liberar a ese pequeño pueblo de hicsos nómadas orientales inmigrantes establecidos en las tierras bajas del Delta del Nilo, junto al Mediterráneo, un discípulo de las creencias de Akenatón, el faraón que quiso imponer en su imperio la concepción de un Dios único y cuyas convicciones fueron barridas a su muerte por la casta sacerdotal politeísta; o fue exactamente al revés: que aquella pequeña tribu de pastores descendiente directa del patriarca Abraham, exiliado de Ur la gran ciudad de Mesopotamia, influyó con sus sueños (y sentido de la rectoría económica del Estado) en el Faraón Amenofis IV y lo convenció de la noción de un solo Dios único creador del Universo.

Como quiera que haya sido, las Tablas de la Ley, con el decálogo decretado en el Sinaí, rumbo a la Tierra Prometida, han tenido un enorme peso e influencia en la historia universal, y específicamente en Europa, América, Medio Oriente y hasta África.

Las tres grandes concepciones religiosas monoteístas: Judaísmo, Cristianismo, Islam, han tenido en su conjunto (y en sus conflictos) una profunda trascendencia en el devenir de los pueblos de la tierra. Por cierto que las tres conservan importantes monumentos que se entreveran en la gran ciudad de confluencia, llamada irónicamente Jerusalén: la colina de la paz.

El derecho al territorio de la Tierra de Canaán, naturalmente, es un tema de debate y de conflicto inacabables. Cuando los hebreos llegaron a la Tierra Prometida en el segundo milenio anterior a nuestra era, no estaba vacía. A sangre y fuego entraron a Jericó y a la propia Jerusalén, dos de los núcleos urbanos más antiguos del mundo.

Conocido es por todos nosotros (por la Biblia) el episodio de Sansón, traicionado por Dalila, conducido cegado al templo de Gaza la ciudad de los pilistín, los pilisteos. Ante las burlas, decide morir matando: el primer atentado suicida documentado.

En tiempos del Imperio Romano, ante la rebelión de los judíos por los años 60 a 80 de nuestra era, la brutal represión de Vespasiano y su hijo Tito obligó a los hebreos a la diáspora o sea la dispersión, primero por todo el Mediterráneo y todavía hoy en comunidades por Europa y América.

Hubo espacios y épocas de pacífica convivencia, tanto bajo el dominio musulmán como también bajo el cristiano. En España son conocidos los de Córdoba y Toledo; también Tudela en Navarra y Alfaro en la Rioja.

Hasta la represión violenta de los Reyes Católicos, empeñados en la unión española a toda costa y la expulsión (o conversión forzada) de judíos y musulmanes.

Otras muchas represiones hubo en Europa en distintos países y épocas, hasta que culminaron en el horror del Holocausto: el exterminio de millones de seres humanos, judíos y de otros grupos por los nazis.

Irresponsable sería en este espacio tratar de resumir la historia desde 1919 de Palestina y del Estado de Israel desde 1948, a raíz de que la Organización de Naciones Unidas acordó la subdivisión de Palestina en dos estados.

Lo que es necesario decir en voz alta es que todos los horrores previos de ninguna manera justifican los  atropellos y violaciones humanas que ahora el Estado de Israel está cometiendo de manera fría y sistemática contra la población palestina, carcomiendo el territorio asignado a la Autoridad Palestina, procediendo por “derecho de conquista”, con la construcción de  más de 180 nuevos asentamientos judíos ilegales, maltratando y reprimiendo, e impidiendo la legítima formación del Estado de Palestina.

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