Héctor Pérez Partida miente

Todos nuestros respetos para el ciudadano Héctor Pérez Partida. Pérez Partida miente. En todo caso, dice una mentira. Porque decir media verdad es un modo de mentir, porque tuerce la verdad.

Es posible que el hombre que decide las finanzas públicas en Jalisco crea lo que dijo a los “amables radioescuchas”. Lo cual es casi más grave que mentir deliberadamente. Porque un diagnóstico torcido de la realidad colectiva sólo puede llevar a decisiones catastróficas para todos, como es el caso.

Palabras más, palabras menos, don Héctor informa públicamente a los amables oyentes, que el pobre gobierno pobre, no puede hacer lo que tiene que hacer, porque no está en capacidad de recaudar de los pobres ciudadanos pobres más impuestos. Por eso, muchos niños reciben sus clases en aulas de hojalata; la mitad de las niñas y niños del AMG van a la escuela, al amanecer, sin banquetas, entre matorrales y piedras ocultas. Por eso, los hospitales públicos están rebasados y desprovistos de medicinas.

Por eso, el derecho humano esencial a la escuela gratuita se reduce ilegalmente al sueldo de los maestros, dejando a los padres el mantenimiento de las escuelas, más el aplastante gasto en uniformes y útiles escolares. Por eso, automovilistas y pasajeros pagamos la gasolina a precio inaceptable; o sea todos. Por eso también, el cupo universitario está cada año más cerrado. Por eso igualmente, no hay tren urbano para todos los habitantes del AMG. Por eso, México produce el 68 por ciento de los comestibles que necesita.

Nada dice Héctor Pérez Partida de lo más importante: que nuestro país es asombrosamente ineficaz en recaudar siguiendo el criterio universal de progresividad, cobrando más a quienes más acumulan. Que mediante una ley tramposa, los grandes consorcios empresariales que acumulan grandes ganancias, eluden más de medio billón de pesos anuales, según datos de la propia Secretaría de Hacienda, legalmente. 

Ley tramposa quiere decir que el Poder Legislativo Federal es cómplice del Poder Ejecutivo Federal y de los grandes grandes, que así despojan juntos a todos de sus derechos humanos, legalmente.

Nada dice a los amables radioescuchas que el Estado mexicano no logra recaudar del mercado nacional ni el 12 por ciento sobre producto nacional, o sea: ni la cuarta parte de la proporción de lo que recaudan Suecia, Noruega, Islandia, Dinamarca, Finlandia. Que son países donde los gobiernos democráticamente electos sí pueden hacer con sus recursos públicos lo que tienen que hacer para cumplir los derechos humanos de todos.

Allí nadie se asusta de ser socialista ni ve ninguna contradicción con el ser democrático, o sea contar los votos personales uno por uno, sin privilegiar a los grupos corporativos. Hasta la OCDE le echa en cara al gobierno mexicano su ineficacia, su incompetencia en recaudar impuestos progresivos.

Tampoco dice a los radioescuchas  que China no es responsable de que seamos tan incompetentes fiscalmente por más de 30 años, queriendo llenar el boquete fiscal por medio billón provocado por los “regímenes especiales”, inventados para no cobrar a los grandes, vendiendo todos los días más de un millón de barriles de petróleo en crudo de nuestro patrimonio, que se acaba, a precio internacional derrumbado de 25 dólares por barril, y menos, en vez de transformarlo en casa para producir nuestra propia gasolina barata; y producir también los fertilizantes que necesita nuestro campo y los insumos petrolíferos que necesita nuestra industria, incluida la farmacéutica.

Porque el doctor Luis Videgaray, su colega federal, sí echa la culpa a China del desastre financiero mexicano porque China ha reducido sus compras de insumos petroleros ahora que ha tomado la determinación de desacelerar su crecimiento económico a 6.5 por ciento (el triple de lo que logra Videgaray); y que va a volcar su economía a mejorar el consumo familiar de sus mil 400 millones de habitantes chinos.

En estas tierras “la Secretaría de Hacienda valoró en 564 mil 543 millones de pesos los ingresos que dejará de percibir en 2016 por la aplicación de regímenes especiales, exenciones, estímulos, subsidios y créditos fiscales, tanto para las empresas como para personas físicas. El gobierno habrá dejado de recaudar desde 2013 más de 2 billones de pesos, de acuerdo con registros de Hacienda”.

Don Héctor Pérez Partida no puede dejar de tener muy claro que el corrupto y perverso sistema fiscal mexicano de participaciones federales es la verdadera causa del deterioro de las soberanías estatales y de las autonomías municipales, que, en efecto, son pobres gobiernos pobres que se ven precisados a mendigar a la Federación y que no pueden hacer lo que tienen que hacer.

 

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