Gobierno Abierto: Público-Privado

Se despierta la sospecha, bastante bien fundada, de que se está promoviendo sutilmente, desde la sede misma del poder mundial, una especie de corporativismo medieval al estilo de la República Veneciana en versión del siglo XXI, donde desde el poder político se busca "involucrar a la sociedad civil", a través de sus organizaciones cívicas y se convoca a corporaciones lucrativas y a sus cámaras, a universidades privadas rentables y otras instancias y grupos de interés a cogobernar: a esto que ahora llaman gobernanza con palabra de moda.

El iniciador es un hombre progresista que fue electo presidente por la fondocracia de los Estados Unidos de América. La propuesta, presentada por Barack Obama, en un memorándum (http: www.opengovpartnership.org), se basa en tres pilares: transparencia, participación y colaboración.

Expresamente aclara que no se trata sólo de gobierno electrónico. Propone pasar del mostrador a la mesa redonda, del trámite administrativo al cogobierno. La salvación desde la Casa Blanca (la de Washington, D.C.).

El organismo multilateral (que no internacional) Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) del que México forma parte desde la administración de Carlos Salinas, ha constituido la Alianza por el Gobierno Abierto, AGA, en 2011, con ocho países fundadores y 66 miembros en la actualidad, con el programa "Government at a Glance". México detenta el Secretariado Técnico. El PAL, Plan de Acción Local, cuenta también con el respaldo del Banco Mundial.

Como comprenderán los lectores, tales padrinos, que han sido los artífices reales de "la coyuntura de 33 años", como satíricamente llama Carlos Fernández-Vega a este desastre económico interminable que nos ha llevado a demoler las estructuras económicas propias y a pulverizar los ingresos familiares del 99 por ciento de los mexicanos, pues no es ninguna garantía de que será una iniciativa para el bienestar de la mayoría de los mexicanos.

Es un gobierno "generoso", una especie de despotismo ilustrado, que nos hace el favor, la gracia, de acercarse a escuchar al pueblo gobernado, a la masa súbdita, ya educada a callar y obedecer, para escuchar sus deseos y reclamos y amigablemente atenderlos.

Pero, como no hay ciudadanía (porque eso de la soberanía popular no se lo cree nadie) entonces paternalmente el gobierno, elegido a base de fondos aportados por los que tienen con qué, consulta selectivamente a los grupos de peso, para que incidan en las decisiones del gobierno y haya así una buena y armónica "gobernanza" al estilo colombiano, con la participación (partnership, dice en inglés la propuesta del memorándum, como si fuera sociedad anónima) de los diversos grupos con intereses concretos.

Así la república se entenderá al estilo del Republican Party: como un equilibrio de intereses particulares donde, lógicamente, el que tiene más saliva traga más pinole. O sea: el que invierte más fondos, cosecha más decisiones de gobierno a su favor. Fondocracia, pues.

Ante este corporativismo estilo siglo XXI, se viene a la mente el dicho de don Jesús Reyes Heroles en el marco de aquel Encuentro Nacional sobre las Clases Medias Mexicanas celebrado en San Luis Potosí en 1975, al que acudió le tout monde de la política de entonces.

Dijo don Jesús con crudo realismo: "hay votos que cuentan y votos que pesan".

Da la impresión de que ahora desde el gobierno y a través de instancias ambiguas de análisis de la realidad política y social con ingredientes académicos, se quiere dar por saludable esa "gobernanza" de gran moda, como si ese tuviera que ser el ejercicio natural de la democracia, y no el recuento de voluntades ciudadanas.

Ese es el modo subrepticio por el que los conglomerados lucrativos, y también las "que pasaron de ser comunidades universitarias armónicas para transformarse en empresas universitarias sustentables", acaban teniendo una participación ponderada.

Todo eso, claro está, en el marco de los Lineamientos de Bolonia para formar egresados universitarios, trabajadores eficaces y no pensantes (no vaya a ser que se contaminen de conciencia social como los normalistas rurales de Ayotzinapa).

El pasado 8 de septiembre convocaron en Guadalajara 4 emblemas: 2 de origen ciudadano y 2 de órganos públicos gubernamentales. O sea: dos sujetos obligados a ser abiertos, por definición, al escrutinio de los ciudadanos y dos organizaciones cívicas cuya razón de ser es precisamente exigir, en su calidad ciudadana-soberana, la plena apertura, transparencia y rendición de cuentas.

Ya veremos.

www.estebangaraiz.org