Gatopardo de izquierda

Desde ahora hay que advertirlo, 5 años antes. La alternancia PRI-PAN ya se le desgastó a la oligarquía. Ya no le servirá para 2018. Como que ya no les queda más que un tercero en discordia para seguir despojando a la nación trabajadora como lo han venido haciendo por los últimos 31 años (lo cual no quiere decir que antes fuera una maravilla).

Necesitan un mínimo de apariencia democrática. Sobre todo, ya saben que, a pesar de su sistemático empeño para desinformar a las masas teóricamente ciudadanas, al menos tienen que prestar atención a los profundos malestares de la gente: primero con el PRI, a cambio de siglo; el año pasado con el PAN; y ahora de nuevo, y crecientes con el PRI… y con el PAN, que votan juntitos lo importante, como la seguridad energética.

Se acabó la alternancia como apariencia democrática. Ellos mismos han contribuido a difundir la convicción de que todos, todos sin excepción son igual de tramposos, ladrones y desleales con quienes teóricamente los eligieron.

Ya se comienza a percibir los indicios de la nueva campaña, preparada con suficiente antelación. Ahora que la clase media más escolarizada está resintiendo el despojo fiscal que se le viene encima. Empezó a intensificarse una vieja consigna: no queremos una izquierda rijosa, contestataria, conflictiva, que a todo dice que no (incluso llegan a decir que violenta); pero vemos con buenos ojos una izquierda civilizada, negociadora. Que, aunque tenga muchas tribus, se pueda llegar a acuerdos y a pactos con ella, así sean de espaldas a los ciudadanos.

Como, por ejemplo, una reforma que “flexibilice” los derechos de los trabajadores y mantenga la entelequia “tripartita” del salario mínimo de miseria. O una reforma muy educativa para que (por un transitorio) la Secretaría les dé “autonomía” a los padres de familia de cada escuela para que se hagan cargo de “comprar materiales” y mantener la instalación  física; o sea: le encuentren la lógica al absurdo de una educación gratuita pagada.

O también una izquierda que deje a un lado la terquedad del todo o nada y acepte lo muy conveniente que será para México que, “sin privatizar Pemex”, sigamos exportando crecientemente petróleo en crudo. Porque lo moderno es garantizar la seguridad energética regional de América del Norte, (como lo acordaron en la 51 Interparlamentaria) olvidándonos de la nuestra, que requiere con urgencia refinerías y petroquímica propias.

De paso también, se garantizará que Pemex siga tapando con el agotamiento de sus yacimientos el enorme hoyo fiscal, con más de un millón de millones de pesos en 2012, muestra clara de la incompetencia o corrupción de Hacienda.

Ya no queremos esa izquierda-dicen-que sólo sabe oponerse y manifestarse en la calle, sobre todo en el Zócalo, y que no propone nada. Sólo se opone. Será decir que no han leído (o quizá porque sí lo han leído) Un Proyecto Alternativo de Nación, editado por Grijalbo en 2004, con 20 propuestas específicas, la última de las cuales es precisamente “Nuevo Pacto Social”. (Ese debe ser el Pacto Anti-Todo al que se refiere Magú).

Desde 1981, con gran visión, Carlos Tello (querido maestro)  y Rolando Cordera en el libro México: la Disputa por la Nación dejaron claramente establecidas las dos propuestas diferenciadas, los dos proyectos de desarrollo: el neoliberal y el proyecto nacionalista.

Dicen: “el proyecto elaborado por los patrones guarda una estrecha afinidad con los esquemas de reestructuración capitalista que hoy promueven con insistencia las cúpulas económicas, y en algunos casos políticas, del capitalismo avanzado y que han recibido genéricamente el apelativo de neoliberales”. (Ya estaban en el poder Margaret Thatcher y Ronald Reagan).

El otro proyecto contrapuesto se ubica “con toda legitimidad en la matriz estratégica de lo que puede denominarse un proyecto nacionalista de desarrollo, que en el caso de México tendría como inevitable punto de arranque la revitalización del discurso y de la trama jurídico-institucional a que dio lugar la Revolución Mexicana y que recogió en lo esencial la Constitución de 1917”.

Nacionalismo (vale la pena aclararlo) que es solidario con todos los nacionalismos del mundo, y, por eso, contrapuesto a la globalidad imperialista empeñada en apropiarse de los recursos naturales ajenos. Este proyecto de nación es el de la izquierda rijosa, contestataria, protestadora, la que no negocia injusticias. La que reclama ser consultada.

Vamos a ver la izquierda bonita, moderna y de buenos modales que nos propone la oligarquía para 2018, cuando ya el sufrido electorado mexicano repudie con todas sus fuerzas cualquier versión del PRI, del PAN o del PRIAN pintado de verde.  

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