Don Víctor L. Urquidi a 10 años

El 24 de agosto se han cumplido 10 años del deceso de don Víctor L. Urquidi, quizá el mayor economista de la historia de México y maestro, asesor e inspirador de muchos otros.

Dos meses antes, el 21 de junio había recibido el doctorado honoris causa de la Universidad de Guadalajara. Por su asombrosa actualidad, resulta útil y muy conveniente citar y comentar algunas de las expresiones del texto presentado para aquella ocasión, que honró a la propia universidad.

Hijo de un diplomático mexicano, había nacido en Neuilly, Francia en 1919. Así transcurrió su formación juvenil en Gran Bretaña, Colombia, El Salvador, Uruguay y España. Cursó la carrera de Economía en la London School of Economics  and Political Science. En 1941 se incorporó al Banco de México colaborando en el estudio sobre el petróleo con el profesor Jesús Silva Herzog (que había fundado en 1928 el Instituto Mexicano de Investigaciones Económicas y la Revista Mexicana de Economía y había participado activamente en el proceso que culminó con la Expropiación Petrolera en 1938).  

En 1944 Urquidi elaboró junto con Daniel Cosío Villegas la propuesta de la delegación mexicana a la conferencia de Bretton Woods, New Hampshire, en la que ambos tuvieron una participación destacada en la estructuración del nuevo orden financiero mundial, y en el establecimiento de las paridades de cambio (de las que Estados Unidos se habría de retirar unilateral y desobligadamente en1971, ocasionando el caos mundial que algunos miopes atribuían aquí a Echeverría).

Cuando don Daniel Cosío Villegas asume la Presidencia de El Colegio de México en 1959, se crea el Centro de Estudios Internacionales y Urquidi se incorpora como profesor. En 1966 don Víctor pasa a ser el Presidente de El Colegio, que dirigió por 19 años.

Fue Urquidi el gran asesor de Antonio Ortiz Mena, secretario de Hacienda en 1958 a 1970, la época del “milagro mexicano”, cuando México creció y se desarrolló en lo económico y en lo social.

El lema central de la fecunda vida profesional de don Víctor Urquidi el “desarrollo sustentable y equitativo”. Entre las numerosas obras publicadas resulta necesario destacar Los Límites del Crecimiento, publicado por el Fondo de Cultura Económica en 1972.

En la ceremonia de otorgamiento del título de doctor honoris causa por parte de la UdeG, recuerda Urquidi cómo contribuyó al Plan de Estudios de la Escuela de Economía “que por entonces dirigía un inteligente abogado, Javier Michel, que por fortuna entendía de Economía”, según dijo con amable ironía.

En esa ocasión, en el marco del homenaje rendido por la Universidad de Guadalajara, en el ocaso de su vida, su dolido patriotismo recuenta: “La situación actual es en gran parte el resultado de la implantación de políticas económicas y financieras derivadas del llamado ‘Consenso de Washington’ de los años noventa, que México siguió al pie de la letra, y sigue practicando, deprimiendo cada día más el mercado interno y el empleo formal”.

No es necesario ser especialmente imaginativo para pensar qué diría don Víctor hoy, 10 años después, viendo que llevamos 31 años sin levantar cabeza, con crecimientos irrisorios, con una seguridad social estancada y hasta deteriorada (que tanto impulsó e hizo crecer don Antonio Ortiz Mena) y con el mercado interno deprimido a punto tal de que hasta la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio levanta su reclamo; y que la propia autoridad laboral declare “populista” la sola idea de mejorar el salario mínimo.

Dijo Urquidi a los universitarios jaliscienses: “¿Esto se llama desarrollo? O se puede denominar más bien estancamiento de la desigualdad y del empleo. Hubo altas y bajas pero la media geométrica no engaña. El resultado está a la vista. Por cierto, ningún otro país de la región latinoamericana ha pasado por esta experiencia, ni siquiera Argentina o Chile en sus peores momentos históricos”.

En su libro México en la globalización, FCE 1996, que lleva como subtÍtulo: “Condiciones y requisitos de un desarrollo sustentable y equitativo” , y que es el Informe de la Sección Mexicana del Club de Roma (que él integró en 1991), Urquidi sentencia: “es difícil que los habitantes aquejados de pobreza lleguen a constituir una proporción decreciente  a futuro sin una reorientación a veces radical, de la economía a favor de los estratos menos favorecidos de la sociedad”.

Veremos en México quién asume la reorientación radical de la economía a favor de los estratos menos favorecidos, para reducir la proporción de los aquejados  de pobreza, que ya rebasa la mitad de la nación.

 

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