Desarrollo "offshore"

El tiempo vuela. Después de consumado el atraco y a raíz de la intensa campaña, y costosa con cargo al erario, en la que nos prometieron el oro y el moro, ahora que ya “se desataron las cadenas que impedían el desarrollo nacional”, llegó la hora de bajarle la espuma al licuado mediático.

Ahora hay que matizar: ahora resulta que los espléndidos efectos de la liberación de ese monstruoso monopolio petrolero con un costo productivo por barril inferior a 7 dólares que lo vendía a más de 100 dólares, ahora ya nos están diciendo que no serán beneficios  tan a corto plazo.

Los veremos, según los prometedores, dentro de 5 años: casualmente después de las elecciones presidenciales de 2018. Porque la gente, aun la más desentendida de los grandes problemas nacionales, aunque más informada del campeonato del Bayern, va a sentir en sus huesos lo que significa los gasolinazos mensuales, el espléndido salario mínimo con 2 pesos de aumento (que impacta en la masa salarial general), la carestía de la vida en el pasaje y en los jitomates, la “flexibilización” laboral, el aumento del IVA, la carga fiscal sobre la clase media.

También va a aumentar el empleo petrolero… en aguas patrimoniales: offshore, donde llegarán las plataformas coreanas con todo su personal, cocinero incluido, sin necesidad de pasaporte ni visa, porque ni siquiera ingresarán a territorio nacional.

Serán volúmenes grandes de crudo extraído de nuestro patrimonio, el de nuestros abuelos para nuestros nietos, despilfarrado por irrecuperable, no industrializado en un México sin refinerías ni petroquímica, ni fertilizantes; lo que, además, abultará tramposamente nuestras cuentas nacionales, llevándonos al espejismo de un crecimiento del producto nacional que en nada mejora la condición económica de las familias mexicanas: promedio engañoso.

Despojo no retroactivo, como el oro y la plata llevados a España en la época de la Colonia, o el cobre de Cananea sustraído rumbo al Norte durante el Porfiriato. Lo caído, caído. Recientemente un tribunal internacional obligó a buscadores profesionales de tesoros en naufragios de los siglos XVII y XVIII en aguas someras, a devolver al Reino de España el tesoro de un buque hundido por piratas ingleses, que procedía de Lima. Las autoridades peruanas y del Potosí ahora boliviano nada pudieron lograr (con lo que una vez más se confirma que no siempre la Ley es dama de compañía de la Justicia).

Será despojo no retroactivo, pero sí reversible cuando la ciudadanía mexicana logre clara toma de conciencia y se decida mayoritariamente a la acción política para recuperar lo suyo.

Que nadie reclame certeza jurídica a partir de una operación (de algún modo hay que llamarla) realizada con mayoría parlamentaria, pero a todas luces sin mayoría popular, con decisiones legislativas tomadas en recintos blindados con vallas metálicas y policías acorazados para preservar a los consumadores de las iras ciudadanas.

Si no fuera trágico, resultaría hasta divertido ver cómo los adláteres de la llamada reforma, incluido un alto ex funcionario electoral de reprobada actuación, se han precipitado a argumentar que no resulta jurídicamente reversible mediante la aplicación del artículo 35 en 2015. De ese tamaño es el temor hacia la voluntad ciudadana.

Son los demócratas del artículo 41; no del artículo 39. Son demócratas de una vez cada 3 años, del “votas y te vas”; no de la soberanía del pueblo ciudadano. Son de los que se refieren a las cámaras legislativas como “ésta soberanía”, haciendo caso omiso de que la soberanía reside en el pueblo en todo momento, y que nunca la transfiere. Sólo el mandato.

Por cierto, no está de más recordar que el abuelo del actual artículo 39 es aquel artículo 4º de la Constitución de Apatzingán, redactada al fragor de la insurgencia bajo la tutela del gran José María Morelos.

Dice textualmente que “todos los ciudadanos, unidos voluntariamente en sociedad, tienen el derecho incontestable a establecer el gobierno que más les convenga, alterarlo, modificarlo y abolirlo totalmente, cuando su felicidad lo requiera”.

Este es el pensamiento insurgente. Desde el 22 de octubre de 1814. “Abolirlo totalmente”. Pronto se cumplirán 200 años. Será una buena ocasión para recordarlo.

Ahora en Chile, Michelle Bachelet anuncia cambios de fondo, respaldada por una contundente mayoría ciudadana, para dejar atrás las prolongadas secuelas de la férrea dictadura pinochetista, decenios después, e iniciar una nueva era en su país, recuperar la educación pública gratuita; y convocar a una nueva Constitución. Sí se puede.

P.D. Que la solidaridad familiar, tan propia de nuestro pueblo, salve lo que queda de nuestra comunidad nacional. Un abrazo fraterno a todos. Remontaremos.

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