Davos y la Constitución Guadalupana

El 12 de diciembre del año 2013 culminaron las labores de 25 años del Constituyente Neoliberal, que sustituye la inconclusa tarea del proyecto nacional promulgado en 1917.

Quince años antes, en 1998, en otro día guadalupano, los mismos constituyentes autodesignados e inconsultos habían aprobado el FOBAPROA, transformando la deuda privada de banqueros y prominentes empresarios en deuda pública, con intereses ya cubiertos por más de 700 mil millones y principal pendiente por más de 800 mil millones de pesos, a cargo de los contribuyentes, ahora controlados electrónicamente.

Por cierto que meses antes 3 millones 280 mil ciudadanos con credencial consultados se habían manifestado en contra; y en debate radiado, en plena campaña electoral, entre Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador, solemnemente el panista había asegurado que su partido votaría en contra.

En el Congreso Federal, sin embargo, PRI y PAN votaron conjuntamente, como ha sido su actuar consistente,  desde que, después del fraude electoral de 1988 y de sus arreglos cupulares, aprobaron juntos aquel Plan Nacional de Desarrollo 1989-1994, que fue el arranque formal  de su cogobierno, al margen de las alternancias formales: de “la democracia hemipléjica”, según lo definió Agustín Basave, como cita Martha Anaya en su revelador libro **1988: El año  que calló el sistema

Desde aquellos arreglos cupulares, a los que se resistió el propio candidato Manuel Clouthier,  se vinieron dando: la reforma  de junio de 1990 al artículo 28 para entregar los bancos propiedad de la nación; la del 27 constitucional en enero de 1992 poniendo al mercado las tierras ejidales; La Ley Minera de mayo de 1992 con la concesión de más de 6 millones de hectáreas hasta por 50 años; la reforma eléctrica  de diciembre de 1992 para la generación privada.

Igualmente la reforma al artículo 3° de marzo de 1993 limitando la gratuidad escolar; la privatización  de Ferrocarriles Nacionales de México en  mayo de 1995; la entrega de los ahorros para el retiro a empresas privadas de mayo de 1996; el ya citado Fobaproa  de diciembre de 1998; el cambio a la ley del Impuesto sobre la Renta en favor de los grandes consorcios de diciembre de 2005; la creación del IETU en septiembre de 2007; la  Ley de Petróleos Mexicanos con los contratos incentivados hasta por 25 años, de octubre de 2008 (con la refinería acordada que todavía no inicia su construcción). Seguidamente, la Ley de Ingresos aprobada en octubre de 2009 aumentando el IVA a 16 por ciento; y el casi regalo a Televisa y a la española Telefónica de la fibra óptica en junio de 2010.

Ahora, en el año recién concluido, con las reformas constitucionales de los artículos considerados como las columnas del proyecto nacional emanado de la Revolución Mexicana (que sólo logró reducir la marginación de los mexicanos, de las cuatro quintas partes sin derechos de que hablaba Justo Sierra a fines del siglo XIX a la mitad en 1982), tenemos de hecho una nueva constitución, la Constitución Guadalupana.

Se acabó la educación cabalmente gratuita del artículo tercero. Se acabó la propiedad originaria de la Nación sobre los recursos naturales del artículo 27. Se acabó la rectoría económica del Estado y el carácter estratégico de la actividad energética, de la siderurgia, de los fertilizantes, de la seguridad alimentaria de los mexicanos. Se acabaron los derechos laborales del artículo 123.

Hoy tenemos la Nueva Constitución Neoliberal para presumir en el club de los ricos, donde podremos anunciar que Pemex generó en 2013 ingresos por un millón de millones más 753 mil millones de pesos.

En Davos, Suiza, en el Foro Económico Mundial, el discurso de presentación de Enrique Peña Nieto el jueves 23 parece haber estado pensado más para la audiencia remota mexicana que para los tiburones de la economía global, que deben haber oído con sorna la maravilla de país que tenemos.

Por cierto que, según las agencias AFP y DPA (no precisamente sospechosas de izquierdismo) el pesimismo es la tónica predominante en el Foro. Después que se menciona que en Estados Unidos el 10 por ciento de la población se queda ahora con el 50 por ciento de los ingresos totales; y que en Europa, al hablar de la juventud dicen que es “una generación totalmente perdida”, Thomas Picketty del diario **The Wall Street Journal afirma en su estudio: “Me temo que tenemos un problema político”; y Jyrki Raina, Secretario General de ALL, advirtió: “el mundo necesita un aumento salarial”.

Por eso, debe estar causando risa contenida que el Ejecutivo mexicano alegremente ande allá presumiendo la flamante Constitución Guadalupana, basada precisamente en los principios económicos que han hundido la economía global y específicamente la de Europa y América del Norte. Menos la de quienes mantienen la rectoría económica del Estado. 

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