Cooperación internacional o globalidad


Hay que empezar por aclarar las ideas porque hay muchos actores políticos que las tienen confusas; y una falsa interpretación de los hechos sociales lleva necesariamente a acciones políticas erróneas y en ocasiones catastróficas.

Como la serie de reformas estructurales recién consumadas (auténticamente estructurales porque han descuadrado en esencia la estructura del Estado mexicano concebida para lograr un “desarrollo nacional sustentable y equitativo”, como soñaba don Víctor L. Urquidi).

No es lo mismo cooperación internacional para el desarrollo (como dicta el artículo 89 de nuestra Constitución, todavía vigente) que globalidad dominante–subalterna (como quieren PRI y PAN). Son dos conceptos radicalmente diferentes e incluso contrarios, cuando no contradictorios. No caben pactos intermedios.

No es lo mismo el petróleo como área estratégica del desarrollo nacional (como quería Lázaro Cárdenas y lo quisimos durante 76 años) que “seguridad energética de América del Norte” (como lo han impuesto el ejecutivo y dos tercios de los legisladores federales sin respaldo popular y obstaculizando la consulta).

En estos tiempos postfutboleros reviven grandes alianzas estratégicas entre los países del mundo que han decidido ofrecer a sus pueblos un desarrollo “sustentable y equitativo” sin subordinaciones, entre naciones con iguales derechos y enormes posibilidades de mutuo apoyo y cooperación, no dominio hegemónico.

La globalidad imperial tiene sus cabezas en Wall Street, en la City de Londres, en Bruselas, en la OTAN. La cooperación internacional tiene su cabeza en Nueva York, a la orilla del río Hudson: en la Asamblea General de las Naciones Unidas, ahí donde año con año se vota abrumadoramente contra el bloqueo imperial a Cuba, donde se reclama la creación del Estado Palestino en tierra palestina como quedó ahí mismo acordado desde 1948, donde se promovieron los Objetivos del Milenio en el año 2000 para 2015.

Quizá el fruto más logrado del Mundial de futbol, socialmente hablando, para los pueblos de América haya sido la presencia en este continente del dirigente ruso Vladimir Putin, rumbo a la VI Cumbre de los países BRICS en Fortaleza: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica; que ahora parece incorporar a Argentina  (y en el que debería estar participando México si su ejecutivo no estuviera tan comprometido con el poder hegemónico), 15 y 16 de julio.

No menos importante resulta la gira por América del presidente chino Xi Jim-Ping, incluidas las visitas a Venezuela y Cuba y su participación también en la Cumbre en Fortaleza.

En la corta perspectiva desde la crisis de Ucrania, podemos ver ahora cómo las “sanciones ejemplares” que pretendió aplicar el poder de Wall Street, ha orillado a las dos grandes potencias emergentes hacia América del Sur (o, si se prefiere, hacia América Latina menos el México subordinado y reformador de estructuras).

Viene a la mente un paralelismo con “la crisis de los misiles” en 1963, que condujo a Kennedy a la muerte. Cuando los misiles de largo alcance de la OTAN (o sea Estados Unidos), apuntaban a la Unión Soviética desde Turquía, el líder soviético Nikita Jruschev acudió presuroso en defensa de Cuba e instaló en la isla misiles de corto alcance en dirección a Estados Unidos.

La nación norteamericana entró en pánico. El mundo entero estuvo al borde de la guerra nuclear. El arreglo sensato acabó prevaleciendo: tú retiras los de Turquía y yo retiro los de Cuba (sin consultar a los cubanos). Además me prometes que no volverás a intentar invadir la isla (después del fallido desembarco de Bahía de Cochinos, o sea playa Girón).

Ahora ya no hay guerra fría, ni cobertura ideológica. Ahora todos juegan con las reglas del mercado (aunque los 5 mantienen una clara rectoría económica). Ahora que juntos reúnen casi la mitad de la población del mundo y más del 20 por ciento del producto mundial, usan “misiles” meramente pacíficos, económicos y defensivos.

Ahora crearán un Banco de Desarrollo propio y su particular Fondo de Reservas de Contingencia, con la expresa intención de que sean alternativas al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional (creados precisamente hace 70 años en Bretton Woods en julio de 1944).

Ya no están dispuestos a recibir “sanciones” hegemónicas por proteger sus flancos frente a los embates de la arcaica OTAN, que dejó de tener razón de ser al desaparecer la Unión Soviética.

Ahora se trata expresamente de cooperación internacional. Así lo dijo el gran ajedrecista ruso Vladimir Putin: “Convertir las relaciones internacionales en un sistema policéntrico basado en varios puntos de desarrollo mundial, y confirma nuestro interés por una América Latina unida, fuerte, económicamente sostenible y políticamente independiente, que se esté convirtiendo en una parte importante del mundo policéntrico y emergente”.

Dilma acabó ganando el partido después del Mundial. El próximo será en Rusia en 2018.

P.D. La tragedia del avión civil derribado en Ucrania no nos autoriza a dejar pasar la criminal invasión israelí a Gaza.

 

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