Alfaro: tres al mohíno

Alfaro es un pueblo de la Rioja donde se produce el mejor vino tinto del mundo. Allí se juega mucho al mus, que es un juego de naipes entre cuatro. Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, “mohíno” es: “en el juego, aquel contra el que van los demás que juegan”; y a continuación cita la frase coloquial “tres al mohíno”, que es: “expresión usada para significar la conjugación o unión de algunas personas contra otra”.

Estamos ya cerca de la jornada en que los mexicanos en condición de votar deberemos decidir de manera soberana (que nadie se ría) cómo debe quedar integrada la Cámara de Diputados del Congreso de Unión en la próxima legislatura, en momentos azarosos y oscuros en que el texto rector de nuestra república ha sufrido cambios radicales, daños estructurales al proyecto de nación que surgió para dejar atrás aquella “República del 20 por Ciento”, en la que, como dijo Justo Sierra “cuatro quintas partes de los mexicanos son parias y no tienen derechos”.

En Jalisco también se vive momentos de gran definición porque, además de la cámara federal, habrá que elegir a los integrantes del congreso estatal y a los ayuntamientos del próximo trienio 2015-2018.

Hay jaque al rey. Porque el tan mencionado hartazgo ciudadano frente a esta insoportable situación de caos, de falta de oportunidades para la nueva generación, inequidad extrema y la consiguiente inseguridad en que vivimos, ha cristalizado en un liderazgo natural empujado por miles de voces que exigen un cambio de raíz.

Decía don José Ortega y Gasset, autor de La Rebelión de las Masas, que una generación de cambio conjuga tres elementos esenciales: un líder, un equipo directivo y una multitud que sigue y empuja al mismo tiempo.

Aun en la esfera local, la nación está frente a dos opciones reales: o seguir desmantelando, según los dictados del Consenso de Washington, los principios rectores de la rebelión nacional del siglo XX; o luchar por conseguir pronto la República incluyente del 100 por ciento de los mexicanos (que quedó inconclusa).

Ya sabemos quiénes votaron en las cámaras federales, y también en los congresos estatales, a favor del desmantelamiento, y quiénes se opusieron; y con qué escudos habían llegado. También sabemos por INEGI, como órgano técnico del gobierno, que hoy tenemos una república del 48 por ciento, con el otro 52 por ciento de mexicanos excluidos.

No sólo a los priistas de antes les pasó que el partido los abandonó dejándolos a la deriva sin erre. También en el PAN, específicamente el de Jalisco, hay algunos acontecimientos llamativos. Un reconocido dirigente panista, que ha sido funcionario de administraciones anteriores, hace saber que deja su militancia de largos años en ese partido. Dice el ingeniero Alonso Ulloa en su carta que renuncia “a ese PAN de hoy, que no es al que me afilié y en el que creí”.

Con todas las reservas del caso, en el nivel nacional habrá que darle seguimiento a la carrera de Javier Corral, quien como legislador federal se ha atenido a su propia conciencia y no a directrices impuestas por la fracción partidaria, que desde 1989 siempre vota con el PRI.

Puede parecer una comparación y referencia disparatada, pero a raíz de los fuertes embates contra el gobierno venezolano, electo una vez más por amplia mayoría, un analista reconocido se preguntaba: “Si tan mal andan en Venezuela ¿por qué está llena de inmigrantes colombianos?

O sea ¿por qué la nueva opción política en Jalisco estará llena de ex priistas, ex panistas y ex perredistas de base, como ya se comprobó aritméticamente en 2012, y también de dirigentes?

Porque, si se es demócrata de convicción, no tiene mucho sentido atribuir a un arreglo cupular las decisiones soberanas, en voto libre y secreto, de más de un millón de ciudadanas y ciudadanos varones a favor de la nueva opción política, que para ellas y ellos representa, en medio del hartazgo generalizado de que “todos son iguales”, un rayo de esperanza cívica.

Suponer y afirmar arreglo cupular es ver las cosas con una mentalidad corporativa y controladora de voluntades ciudadanas, muy del estilo priista.

No es propósito de esta columna analizar si un comité municipal del PAN tiene o no atribuciones estatutarias para expulsar del partido a un militante. Pero no resulta inútil citar lo declarado por uno de sus miembros de larga militancia, incluso ex presidente del PAN Jalisco.

Dice Antonio Gloria Morales: “No pueden cargarle a un tercero la decisión de algunos que decidieron irse a otro partido. Es una forma imprudente que pareciera, y sobre todo después de oír al candidato del PRI en el debate, que le estaban preparando el terreno al PRI; esto deja muchas dudas y mucho de qué pensar”.

P.D. Toda semejanza de Alfaro con Alfaro es pura suspicacia.

 

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