Águila de Pabellón

Águila del pabellón,

Por qué traes el pico tan bajo.

Porque a esta pobre Nación

Se la está llevando el carajo.  

Aprendido de mi compadre.

 

Volverán a hacer la ceremonia con bombo y platillo. Hipócrita. Porque a 78 años estarán festejando que “el petróleo es nuestro”, como dice Peña Nieto. Lo que festejan en realidad es “la seguridad energética de América del Norte”. Que para eso los pusieron donde están.

Allí: en América del Norte, la real, saben muy bien que el petróleo es estratégico. Es lo estratégico. Lo demás es lo de menos. Allí la rectoría económica del Estado es férrea. Porque está en manos del gran poder: y es el gran poder.

Los ciudadanos de los Estados Unidos de América, y el núcleo pensante del resto del mundo, respirarán con enorme alivio cuando ya quede claro que Donald Trump y sus locuras fascistoides quedan hechos a un lado; al igual que las “peligrosas” propuestas de Bernie Sanders el “socialista” queriendo volver a las políticas del rescate del New Deal del gran Franklin D. Roosevelt, que salvaron al pueblo de Estados Unidos en 1930-35; y por su apoyo a los ocupas del 99 por ciento.

Ganará Hillary con fondos aportados por millones de dólares por unos cuantos millonarios; y todos contentos. El Gran Poder continuará al frente con la prudencia y el sentido común de una mujer sensata y realista como la señora Clinton. Todo cambiará. Para que todo siga igual.

Mientras aquí Enrique Peña Nieto y Carlos Romero Deschamps celebran el 78 aniversario de la Expropiación Petrolera en solemne ceremonia, al tiempo que despiden miles de trabajadores de Pemex en el proceso de su desmantelamiento.

Seguirán jurando que el petróleo de las entrañas de México y de sus mares patrimoniales es todavía de los mexicanos. Por cierto, son mares patrimoniales por otros 2 millones de kilómetros cuadrados, en una franja de 200 millas, o sea 320 kilómetros de ancho a partir de las costas. Consolidados legalmente gracias al Derecho Internacional del Mar, que fue promovido en la década de 1970 por los países del Tercer Mundo, entonces liderados por la diplomacia mexicana, benemérita, que después fue desmantelada criminal y torpemente por Vicente Fox.

Esa es la razón por la cual las aguas del Golfo de México se comparten ahora con Cuba y con Estados Unidos, en sus respectivas zonas patrimoniales, según el derecho internacional. Zonas pletóricas de hidrocarburos a gran profundidad.

Las viejas generaciones todavía recordamos aquellas lejanas filmaciones, repetidas en años posteriores, en las que se observaba el fervor patriótico de mujeres, niños, ancianos y jóvenes de aquel 18 de marzo de 1938, del pueblo-pueblo en aquel espontáneo referéndum más allá de la ley, con sus radios, pollos, anillos de boda y hasta cochinitos de alcancía, como aportación al pago de la deuda que se contraía por las instalaciones sobre superficie con motivo de la Expropiación decretada por quien, siendo Comandante de Zona en Tampico, había observado con rabia contenida la conducta rapaz de las compañías petroleras extranjeras.

No parece creíble que ahora la televisión abierta difunda tales escenas de euforia patriótica y de unidad nacional.

Ahora nos hemos quedado con las mismas 6 refinerías de 1979, ni una nueva más. Importamos la mitad de la gasolina que nuestra movilidad requiere cada día, para lo cual dependemos de la benevolencia, e interés comercial del día, de quienes administran a nombre nuestro la “seguridad energética de América del Norte”.

Nos hemos quedado sin los fertilizantes que se producían aquí con nuestro petróleo y servían para subsidiar a nuestros productores de granos, que ahora tienen que importar (los que pueden) esos insumos necesarios a alto precio internacional, impagable para la mayoría.

Por eso, ahora cultivan (muchos en gran zozobra) tierras ajenas. Por eso también las autoridades muy orondas nos informan que este 2015 aumentaron las remesas de braceros a sus familias (y a las reservas nacionales de moneda). Con lo cual evitan que explote la Nación.

Ahora el gobierno federal, que controla férrea y erráticamente la “empresa productiva del Estado”, llamada todavía Pemex, ha mandado al superman José Antonio González Anaya, de la estirpe “recortari”, para rescatarla de la gestión “empresarial” del doctor Emilio Lozoya Austin (ilustre apellido materno).

Pemex tuvo en 2015 un ingreso corriente de 1 billón (millón de millones) más 564 mil 988 millones de pesos, con un balance primario positivo, antes de impuestos, o sea: ganancias reales, de 733 mil millones de pesos. Pagó impuestos y derechos a Hacienda por 808 mil millones de pesos. Con ello, el recuento financiero acumulado arroja números rojos por 147 mil millones. Saqueo además de humillación.

Con todo, la aportación de Pemex al presupuesto nacional bajó del 40 por ciento en 2012 al 19 por ciento en 2015. 

 

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