Adiós derechos laborales

Otro golpe estructural dictado desde el gran poder. Otra reforma estructural demoliendo sistemáticamente el Pacto Nacional de 1917, casi centenario. Ahora en una de sus vigas centrales: el derecho de huelga.

Como todos los graves daños ocasionados desde 1988 al armazón de la convivencia nacional, juntos en el Congreso PRI y PAN, al alimón, en sigilo, en comisiones, con redacciones ambiguas, sin que se entere el 99 por ciento de los mexicanos, o sea los trabajadores. No lo difundirán en Televisa; ni en TV Azteca. Posiblemente tampoco causará alarma en las redes electrónicas.

Como en las grandes presas, una pequeña fisura en el Texto Rector puede ocasionar un alud. De eso se trata. Eso quieren precisamente: cambiar una frasecita en el artículo 123 constitucional y ¡ya está! Lo demás será técnica legislativa.

Bastará hacer lo de siempre: en la noche se cambia misteriosamente un renglón. Amanece el dictamen con un “retoquito gramatical”. Al cabo que los señores legisladores federales traen su cabeza y su corazón en otras cosas más importantes. Para su carrera política profesional. Lo demás son minucias. Serán minucias que perjudiquen la vida de 20 millones de familias. No importa.

Mientras tanto los trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social obtuvieron un gran logro sindical: recibirán un fabuloso aumento salarial del 3.05 por ciento directo al tabulador. Que no llega ni a la inflación sufrida en los precios de los consumos básicos de los últimos 3 meses.

Así en todo el país desde 1976, hace precisamente 40 años. Cuando el salario mínimo cumplía entonces con lo que manda la Constitución: “deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia”. La tramposa Comisión Nacional de los Salarios Mínimos ni siquiera recupera el índice oficial de inflación marcado por el Banco de México. Así el deterioro acumulado por 40 años, contra el 99 por ciento de los mexicanos.

Por cierto hubo un tiempo en que los Documentos Básicos del PRI lo definían como un “partido de trabajadores del campo y de la ciudad”. Hoy es cómplice del PAN en contra de los derechos del 99 por ciento de los mexicanos: contra sus propias bases. Respondiendo a los intereses de los que mandan a los que mandan.

Pero ¡quién lo iba a decir! “Para los toros del Jaral, los caballos de allá mesmo”. Llamativa, interesante la batalla que viene dando el Sindicato de Mineros, y su exiliado líder Napoleón Gómez Urrutia. Precisamente ahora que rinden homenaje a su fundador Napoleón Gómez Sada a los 15 años de su muerte.

Porque ocurre que, así como los dictados contra los derechos de los trabajadores mexicanos que quedaron establecidos hace 100 años (menos 4 meses), vienen de la globalidad capitalista, así también los trabajadores minero-metalúrgicos han consolidado una potente organización internacional de enorme impacto.  La IndustriALL Global Union cuenta con 200 millones de trabajadores afiliados en 146 países; y Napoleón es uno de los vicepresidentes.

Ya el PRI y el PAN estaban de acuerdo en la retocadita en las tinieblas de la madrugada. Pero, al parecer, quedan algunos polvos de aquellos lodos: la CTM, aunque los lectores amables no lo crean, pues resulta que todavía respira; y se fue a ver al titular de los Pinos.

Podría ser que la Conferencia Patronal de la República Mexicana, y sus jefes de más arriba en la globalidad, tengan que esperar otro ratito para cambios formales. Al cabo que ya eso de las huelgas es especie de extinción en México.

Los que parece que no se extinguen sino que proliferan ya a la luz de la ley, o al menos de la tolerancia, son los cabilderos: especie probablemente llegada del Norte Continental, donde prosperan. La peor perversión de la democracia: los votos que pesan, oficiales u oficiosos. Y no parece que sean mencionados en el flamante Sistema Anticorrupción.

Todo parece indicar que por ahora, el retoquito que introdujo de última hora el PAN para cambiar el párrafo 18 del artículo 123, que obligaría a los sindicatos a tener que acreditar mayorías (no se sabe ante quien) para poder emplazar a huelga, tendrá que esperar a una nueva coyuntura.

La reforma unánime, al parecer, quedará en la desaparición de las juntas de conciliación y arbitraje. Por ahora. Habrá que estar atentos.

Porque vale la pena recordar lo que pasó con Pemex. En 2008 la gente en la calle logró detener la iniciativa de Felipe Calderón. El gran poder volvió a la carga en 2013. En infausto día guadalupano el encomendero Peña Nieto y sus peones priánicos lograron el desmantelamiento. Con el precio hundido del crudo, ahora le echan la culpa de la quiebra nacional a “factores externos”.

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