Re-Incidente

¿Quién conmemora el 5 de Mayo?

En México, el Estado mexicano hegemoniza esta práctica se impone sobre otras historias y memorias. Instituye celebraciones que funcionan como rituales políticos; conmemoraciones que desdibujan los contenidos sociales, culturales e históricos de las gestas.

Un Estado-Nación requiere de personas, acontecimientos, objetos, lugares, para construirse, legitimarse, existir y valorarse como entidad política hegemónica.

Así, algunos personajes se tornan héroes, cualquier acontecimiento se transfigura épico, ciertas narraciones son mitos y determinados objetos transmutan en bienes nacionales. El Estado se construye con ello y discursivamente posibilita edificar una nación, una “querida patria”.

Seleccionar y descartar es la estrategia del poder para construir una historia patria, la de todos los mexicanos, siempre bajo el discurso del Estado. Por ejemplo, después del triunfo de la revolución francesa, el poder recién fraguado estableció un conjunto de objetos a proteger y “sacralizar”, pero al mismo tiempo eliminó otros que fueron considerados expresión de la monarquía y despotismo de clase. De esta manera, unos personajes florecen en el panteón nacional y otros no; ciertos sucesos se enraízan en los libros de historia oficial y otros se olvidan.

El Estado y las clases hegemónicas deciden principalmente lo que es significativo y meritorio de conmemorar y de ritual nacional.

En el caso de la Batalla del 5 de Mayo en Puebla es el Estado mexicano quien principalmente ha escrito el acontecimiento de hace 152 años, ha impuesto una representación que configura un suceso patriótico “donde las armas nacionales se cubrieron de gloria” y “el valor mexicano emergió ante una armada formidable”; construye una topografía patriótica. Interpretación que soslaya las voces de otros mexicanos que pedían a gritos la llegada de los franceses, glosa que minimiza la caída de la ciudad y del país tiempo después.

Todo grupo social aspira a la apropiación de los hechos históricos, a su comprensión y en el presente conferir significados; se solemniza, se honra, se rememora y se enaltece diferenciadamente.

Lo cierto es que la Batalla del 5 de Mayo para la mayoría de los mexicanos transita inadvertida. En México, las conmemoraciones más importantes en relación a la épica batalla se llevan a cabo en la ciudad de Puebla y en el antiguo Peñón de los Baños (DF); disímiles por sus rasgos políticos y populares. En el extranjero, son las ciudades de Los Ángeles y Nueva York (EU), escenarios en donde se reconstruye el suceso.

La recordación es, para los residentes y migrantes mexicanos, momento importante para exponer colectivamente su situación económica y violación a sus derechos humanos, transmuta el aniversario histórico en acto político de resistencia.

En cambio, en la ciudad de Puebla y para la mayoría de los poblanos es más un día de asueto que de celebración nacional sentida. Es la posibilidad de participar familiarmente en el desfile que organiza el gobierno estatal, no asistir a la escuela, pasear por el centro de la ciudad, visitar la “feria”, descansar, la gesta heroica decimonónica es un subterfugio para consumar la sociabilidad urbana. Por lo contrario, para nuestra clase política (federal, estatal) la conmemoración se convierte en un ritual de Estado, en donde el Presidente del país, que regularmente asiste a Puebla, aprovecha para enviar un mensaje o posicionamiento según la coyuntura política.

 La conmemoración se transfigura en ritual político. Se trae del pasado una batalla, un personaje, un lugar, un proyecto de nación que es aprovechado en la coyuntura actual para legitimar el actuar del estado neoliberal como continuidad de aquel estado decimonónico y posrevolucionario; pero también para construir imaginariamente un sentimiento nacional colectivo de unificación frente a naciones invasoras del pasado, pero no ante las actuales potencias.

Conmemorar lo ocurrido desde el poder es en el presente en la política. Revivir cíclicamente la batalla es apuntalar y reproducir un patriotismo de clase que oculta las contradicciones entre los grupos, es construir imaginariamente un “nosotros nacional” que homogeniza lo diverso. Es erigir una “patria” a defender frente a los “otros”. El nacionalismo es ideología de Estado. Así, la Batalla del 5 de Mayo toma aire cada año y con ello el Estado, el poder y la historia patria se reproducen “eternamente”.

¿Quién conmemora la Batalla del 5 de Mayo?