La corrupción como decisión

“Su moral, su código es un mal

chiste. Solo son tan buenos como el

 mundo se los permite, pero cuando

 haya dificultades, todas estas personas

se comerán a sí mismas”.

El Guasón

De acuerdo a la organización Transparencia Internacional, México ocupa el nada honroso lugar 106 de 177 países medidos en el “Índice de percepción de la Corrupción” específicamente con relación al sector público. Estamos a 87 lugares de alcanzar al país latinoamericano mejor posicionado que es Uruguay con la posición 19. Pareciera que la corrupción es parte del ADN sociopolítico y cultural de todos los mexicanos, las personas no solo son corruptas cuando piden u ofertan dádivas, sino también, cuando incumplen una ley y cuando su actuar social; no está apegado a la ética y la moral. Es entonces que la corrupción no está en nuestros genes, se encuentra en las diferentes formas en las que nos organizamos e interactuamos como sociedad, en las decisiones que tomamos y en las que dejamos de tomar. No es que la corrupción tenga un color o un símbolo determinado, tiene la forma de una sociedad que si no se da cuenta de que tiene que decidir diferente, se aniquilará a sí misma.

La percepción que existe, es que la relación entre corrupción y sector público, es casi inherente y que es difícil, casi imposible combatirlas. Pareciera, como decía El Guasón, que la moral y el código de la política, así como del sistema político; terminan siendo un mal chiste. La corrupción del sector público, seguirá causando indignación y risa, hasta que no exista una estrategia integral para combatirla que rebase a las personas y a los servidores públicos. No solo se trata de las personas, se trata de las reglas, de los valores, de la moral y de los nuevos códigos que se deben de establecer en la política. El tema es la integridad, la congruencia, el valor y la responsabilidad; que debe de comenzar con los servidores y representantes públicos, y que de ahí, debe de servir como ejemplo para toda la sociedad.

No es corrupta una persona que cree en la integridad y la dignidad, antes que en la vanidad. No puede ser corrupta una persona que cree que el prestigio se logra con el esfuerzo y la generosidad y no con la voracidad del engaño. No se trata solo de reglas, se trata de un nuevo y mejor esquema de educación que genere una conciencia cívica diferente y al mismo tiempo; se trata de mejorar las condiciones socioculturales y económicas de nuestra propia sociedad, porque no es corrupto quien gana bien y se siente feliz con la vida que tiene. Deberá de llegar el tiempo en el que hablemos de la corrupción, como una decisión individual y no como un problema endémico, apostar por formar y educar de una manera diferente, puede ser el comienzo del camino. Felices fiestas a todos los lectores.

eriklo_ber@hotmail.com