Atención y productividad legislativa

Pareciera que los diputados (cualquiera, los locales y los federales), muy a pesar de saber que no gozan de la simpatía de los ciudadanos; están esmerados por hacer que la percepción en torno a lo que hacen y dicen, sea cada vez más mala y denigrante. Luego de haber conocido, a quien se presentó a sí mismo como “El Diputado Tampones” junto con otros más de los cuales supimos sus gastos en las famosas casas de Enlace Legislativo; a nivel nacional, se ha enviado una invitación a todos los diputados federales para saber, en qué gastan su dinero y en dónde atienden a los ciudadanos.

A principios del mes de octubre, la organización Politicante (@PoliticanteMx), lanzó una campaña en la que cada legislador, enviará vía Twitter una fotografía del lugar en donde atiende, así como un informe sobre la forma en la que ejercen los recursos para operar estos espacios. Cada legislador lo puede hacer por sí mismo, o bien, cualquier ciudadano que tenga una cita con un diputado, puede subir la fotografía de su oficina con el hashtag #AquiAtiendeMiDiputado. La campaña inició el día 7 y termina el 18 de octubre.

La organización Politicante se distingue por emprender un seguimiento de los legisladores a partir de mostrar sus asistencias o inasistencias al trabajo, la forma en la que vota, así como las iniciativas que ha presentado en la legislatura a la que pertenece. De igual forma, muestra una serie de estudios relacionados con los diputados “ausentistas” y/o “ficticios”; aquellos que burlan el sistema electrónico de asistencias para no perder la dieta del día. Un estudio sobre las interacciones de los diputados con las redes sociales, y otros que nos hablan de cómo la legislatura pasada fue quien realiza los viajes más costosos. No es la primera vez que alguien se interesa por la forma en la que los legisladores emplean los recursos públicos, atendiendo fundamentalmente, al principio de ser representantes populares, los llamados “voz del pueblo”. No se trata solo de un principio de transparencia, sino más allá, se trata del derecho que todo ciudadano tiene, a saber cuál es la forma en la que estos legisladores gastan lo mucho que ganan. La falta de indicadores de productividad laboral de los legisladores, no es solamente un problema nacional, es un asunto mundial en el que las actividades de los así llamados representantes populares, no cuentan (como lo es en empresas de la iniciativa privada), con indicadores que nos muestren si en realidad, hacen o no su trabajo. La productividad legislativa no puede limitarse a la cantidad de iniciativas presentadas o a las asistencias a su trabajo, tendría que pasar por un gran debate académico y político, que abra la posibilidad de que sus actividades no solo sean visibles y transparentes, sino también rentables para la sociedad.