El desmenuzadero

El voto en un país de rodillas

Soy defensor del voto nulo.

Creo que así como tengo derecho de sufragar convencido por alguien, también puedo evitar votar por el menos peor si así me place, y exijo el respeto a mi decisión.

Elegir creyendo en la propuesta,  no por café gratis, despensa o porque todos dicen que es del diablo no votar.

En los años que tengo de elector he votado por candidatos de cuatro partidos diferentes, en una ocasión se cruzó entre tres, he anulado y me he abstenido por mi trabajo.

Pero esta vez mi país me reflexiona  al voto útil.

Esta elección es peculiar por la crisis existencial de nuestro sistema electoral… y de nuestro gobierno, no exagero.

En tres estados al menos se encuentra en riesgo la seguridad de los sitios de casilla y por efecto, de los votantes, por el solo capricho de un grupo politizado de maestros y sus manipuladores anarquistas que buscan poner de rodillas al gobierno, y éste, por su parte, ha pensado ceder por miedo, aunque el costo político sea la credibilidad de su proyecto reformador y su imagen de autoridad.

Fotos de urnas y papeletas quemadas a días de los comicios, soldados  sacados de instalaciones del INE mientras, dos partidos, PRD y Morena, rehuyen a la defensa de esa institución a la cual se deben como árbitro y al proceso que los tiene mamando recursos públicos.

Luego el evidente mandato delincuencial en Jalisco, Michoacán o Guerrero donde el CJNG ha demostrado someter a las autoridades u otros estados como Tamaulipas, donde un grupo, quién sabe cuál, de algún cartel de los que opera en el estado, quién sabe cuál, atacó al INE y al Poder Judicial de la Federación a granadazos. Y esos también están libres. Siempre.

Y nosotros mentando madres en las redes sociales nada más.

Por eso empiezo a creer que el voto útil puede ser pie de esperanza, y puede que, como escribió mi jefe y amigo Pedro Elizalde, ese domingo tengamos nuestras diez horas de poder, ese que por despecho puede mostrarse en Nuevo León, Sonora o Michoacán, aunque no sé cómo porque el voto solito no es suficiente y nuestro poder no debe durar 10 horas y sí tener efectos posteriores como el plebiscito y la revocación de mandato. Extenderse con la vehemencia de quienes nos tienen sumidos.

Pero eso aún no pasa y quemar urnas no es mi opción, y me faltan minutos para convencerme si elegir a alguien ayudará, esté convencido o no, y si éste cumplirá, y si hay otra opción más allá del voto… o si me sigo defendiendo por anular. 

Twitter: @erikvargas   erik.vargas@milenio.com