El desmenuzadero

Ni sociedad ni ciudad progresista

Una ciudad es imagen de su gente, de su idiosincrasia, de su postura, por eso creo que la de Tampico es apática. Estoy seguro que esto me traerá algunas mentadas de madre,  señora curtida de tantas acumuladas, pero sobre el tema supongo argumentos.

Un gobernante lleva la responsabilidad que puede tener en el fracaso o acierto un periodo de gestión, pero en ella lleva implícito el apetito de una sociedad.

Él, sabedor de una presión o un conformismo, camina rápido o lento. Sin duda, mujer u hombre que tenga un sentido común propio, podrá modificar una etapa, marcar su paso, pero no enderezar el camino.

Si la máxima machista de “Detrás de u gran hombre hay una gran mujer”, pues “detrás de un gran gobierno debe haber un gran pueblo”.Hay jardineros que podan, hay quienes cambian la tierra. Por algo cuando un empresario llega tiene ideas innovadoras, porque en su nombre va impreso, “emprenden”. 

Por ahí recordamos que Tampico pudo limpiarse con una campaña ambiciosa (de un empresario ungido alcalde, panista por cierto), pero con el cambio de jersey, los pueblos permiten el celo partidista y cada tres años terminan, junto con el eslogan, los proyectos.

Será desgastante erogar recursos extremos para limpiar cada tres años; mejor mantener el orden.Así una campaña como Tampico Miramar no se caerá como está cayendo.

Y así la seguridad, la economía y la infraestructura.Ciudades como Monterrey que se reinventó emprendedora, es metrópoli y referencia de progresión; o la Ciudad de México, enriquecido por su mosaico cultural, se reconstruye.

El caso de Puebla, que tiene arraigado en su conservadurismo, la autoridad, en programas como las foto multas exponen el tamaño de orden, mientras que acá, en el puerto jaibo, hasta los organismos camerales piden “mano blanda” a los agentes viales en época turística.

La zona no tiene suficientes puentes peatonales por “la gente ni los usa” y hoy las vialidades rápidas de la ciudad son todo, menos rápidas; los taxis se inventan rutas necesarias y se hacen tolerados; 500 locatarios deciden el futuro riesgoso de sus mercados y sus usuarios; proyectos como el Parque Ecológico o el Hidrotúnel adormecen porque no existe ni impulso ni conciliación.

Una ciudad progresista necesita gobernantes progresistas surgidos de una comunidad progresista, y ninguna existe… aún.