El desmenuzadero

¿Y cómo luchamos por el feminismo?

No soy de los que creen que la paridad y la equidad de género deben estar delimitadas en la ley, aunque suscribo necesario, porque de sentido común, la sociedad no lo hará.

El machismo, está arraigado tan en el fondo de la historia mexicana, es un enorme fetiche de la cultura y lastre para la evolución a una realidad justa.

En otro punto, el feminismo, aún con tantos promotores, es incomprendido por miles, tal es el caso de que muchas confunden ser “cabrona” con feminista, peor aún, “anti machistas”.

De la mano va el temor a ser políticamente incorrecto en cualquier discurso, justificando esa equidad dividiendo el sustantivo plural en géneros.

El tema del valor de la mujer se trata de oportunidades, de reclamo y valentía, pero sobre todo, de unidad, hombre + mujer.

Voy a dar un ejemplo: acabo de ver una foto de una reunión priista en Veracruz. Está el dirigente nacional Manlio Fabio Beltrones, el gobernador Javier Duarte, los aspirantes a la gubernatura y cabezas de partido, y entre 20, ninguna mujer.

¿Qué pasó?

Lo primero que nos traería a la mente es “pinches priistas machistas”, pero, ¿dónde están las mujeres?, no las veo denunciando su marginación política.

Usted puede revisar cualquier gabinete de gobierno, y no alcanza el 40 por ciento de la participación femenina, y con participación femenina me refiero a asumir la comodidad de ser “machistas” o que el hombre es en realidad la primera opción, y que las mujeres no reclaman sus espacios, por lo menos así parece.

Hasta una ama de casa debe elegir su posición.

La falta de actitud también refleja, en un sentido de carácter histórico, social y económico, una dependencia de la mujer a la decisión del hombre, y que está, pero muy ligada a la violencia de género, y con ello, no refiero precisamente al golpe físico, sino a la opresión mental.

Las estadísticas del Instituto Nacional de las Mujeres marcan en el tema un 63% por ciento de mujeres víctimas de violencia de género, física o psicológica, pero el tema tendría que ir más allá: un padre que golpea a una madre, que la insulta, hereda al hijo la percepción que el control “hombre a mujer” es correcto; y en la niña, que aguantar el chingadazo está bien.

Al final, todo esto forma parte de una degradación de la que no muchas salen o que entienden muy tarde.

La mujer necesita apoyo, incentivos, oportunidades para poder elegir su posición, y con reglas y leyes no serán suficientes, si se siente reprimida.