El desmenuzadero

¿A los cuántos logros se canoniza un político?

Hasta  que inicié a escribir este texto, Javier Duarte ya había contado 610 logros de su administración como gobernador de Veracruz.

¿A los cuántos lo canonizan?

¿Será que con el paso del conteo tuitero quizá Héctor Yunes esté pensando en bajarse del “tren del mame” contra Duarte al que subió su discurso de campaña? Digo.

La mayoría de estos apuntes -logros-, son apoyos a campañas sociales o culturales, dotación de infraestructura, reforzamiento de la misma, leyes, vaya, su trabajo.

Como sea, gran parte del tiempo, dinero, y discurso a la sociedad de los políticos mexicanos en el poder, se escurre en enumerar, enmarcar, pero sobre todo eructar lo que hacen como servidores públicos, como si su trabajo fuera de activismo en lugar de funcionarios electos o designados, y asalariados.

Sus apariciones en donde sea son a bordo de un carro alegórico verbal que si fuera físico, tendría más logos que un auto de fórmula 1.

Esto es una constante, casi una obligación, claro salvo sus excepciones.

Hay, por ejemplo, casos que van más allá, como en Reynosa donde José Elías transcurre por la calles –hasta que lo pare un ratito la veda electoral- con el discurso de que las obras que hace son gratis. Entonces allá no pagan impuestos ¿verdad?

El punto es que en estos casos, las omisiones o irregularidades son evidentes, mientras que los logros son remunerados y son su trabajo. Nadie elige políticos para que dejen de cuidar los servicios públicos o deje de reforzar la infraestructura.

Se les otorga un presupuesto público, se dotan de recursos y herramientas, gabinete y un mundo de gente, pero la distribución de los esfuerzos están destinados en pensar cómo difundir antes las obras, incluso antes de empezarlas.

Mi lógica dice que si tienen que presumir, lo que sea, y además en exceso, es porque los avances no son evidentes… o no existen.

Ojalá tanto recurso, tiempo y verborrea, se dirigiera a pensar en cómo mejorar las instituciones,  en elegir perfiles en los cargos públicos, en analizar los resultados en lugar de crear capacidades positivistas; y hacer este proceso cíclico y virtuoso.

Un día, el electorado dejará de comprar esos discursos.

Y sobre playa Miramar…

Ver Playa Miramar atiborrada de gente, con sus tres accesos colapsados, de lentas filas y hartas sonrisas y postales generan algo de esperanza, una que lleva escondida más de un lustro. Aún con todo y la controversia del escepticismo.