El desmenuzadero

Los hostales de Miramar

Los hostales y cuarterías de Miramar fueron en tiempos de tranvía y huapango, un respiro para los pocos cuartos de hotel en la zona. Los visitantes de Tampico-Madero-Altamira están divididos en quienes rentan un cuarto de hotel y elevan el gasto promedio per cápita del turista y quienes pernoctan con familiares, pero también por décadas fue costumbre que habitantes cercanos por minutos y pies a playa Miramar, aprovecharon el interés de familias enteras que por pocos pesos podían sentir un poco de la brisa nocturna de la costa, y ofrecieron cuartos y casas.

Era parte de la playa y su zona que veían lejos la modernización mientras poco a poco la playa acunaba trasnochadores.Las autoridades nunca entendieron algo básico: la mayoría de esos cuartos son clandestinos; el lugar de donde fue sustraída Melany el pasado 18 de julio era clandestino.Nuevamente un factor es la tolerancia de la autoridad y que ahora pretenden regular… como la barda que la Semar levanta para que no se les vuelva a meter nadie.Los hostales no son parte de las más de cinco mil habitaciones que año con año cuenta la Asociación de Hoteles del Sur de Tamaulipas para ofrecer a los visitantes, pero para el turismo si lo son, significan una oferta de Tampico-Miramar.

Pero estos no cuentan con los servicios básicos garantizados para el turista, no hay un organismo que los obligue a cumplir con el mínimo de exigencia en la atención, y sobre todo, no tienen la seguridad necesaria.Si alguien se introdujo a sacar a la niña mientras todos dormían o si, como dicen vecinos de la zona de donde se presume surgió el asesino, en los familiares están los involucrados, lo cierto es que el 306 del fraccionamiento Miramar 2, no era para las autoridades un sitio registrado como turístico.

Si se toleran negligencias, si se toleran arbitrariedades, si se pasan por alto esas cosas, la autoridad se convierte en parte del atentado, aunque los papás lleven mano cuando por lo menos no cuidaron a sus niños.Esto es solo una parte todo lo que tolera una zona que se limita a sí misma y que no será atractiva con solo una campaña publicitaria, no mientras no tengan seguridad, vida nocturna, servicios complementarios y orden, y entre tanto, playa Miramar a su estado original: a un sitio que alberga a decenas y hasta cientos de familias locales. 




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