El desmenuzadero

Una historia de policías en México

Hace casi 10 años que salió de la comandancia de la policía. Joven, muy joven.

“No chingues, a dónde vas” le dijo uno de sus compañeros y él se detuvo unos segundos acomodándose la mochila, entrecerró los ojos por el sol, lo vio, sonrió casi nada y encogió los hombros, se dio la vuelta y siguió. Aún llevaba el uniforme de la policía.

Cada que me detengo en la crisis policiaca no evito recordar su historia; familia muy humilde, sin vicios, trabajador, sostén de su familia endeble y una casa de lámina, y que por necesidad económica de su hermano mayor, le tocaba ser el hermano mayor y cargar con sus hermanitos y su madre.

Estudiaba los fines de semana una licenciatura buscando un día dejar las guardias de 24 por 24 horas y el salario miserable de un elemento de seguridad pública, en ese entonces aun municipal. Un domingo, unos meses antes del proceso electoral, el gobernador de turno asesta un golpe político al alcalde y le quita la corporación declarándola inconfiable.

Pero bien, este chavo ya había pasado por las calamidades, las enfermedades y la inconsistencia económica, y una decisión que ni los amigos, compañeros buenos, ni la familia, ni su novia habían logrado disuadir, y que se escuchaba entre los pasillos y que siempre negó, porque aseguraba que había agarrado una ‘chamba’ buena en otro lugar.

Ese mediodía fue la última vez que lo vieron muchos de sus compañeros, su familia poco después.

Solo pasaron unos días, tal vez una semana para que regresara en una caja cerrada. Irreconocible dicen. Velado solo, criminalizado, y joven, muy joven.

¿Ha cambiado en casi una década la situación laboral en los policías?

¿Llegó su profesionalización? ¿Ya ganan bien? ¿Sus armas ya funcionan? ¿Alguien ya modificó ese terrible esquema de trabajo que los obliga a dormir mientras sirven? ¿Los niños aún quieren ser policías?

Seguimos sin cuerpos confiables ni completos, nadie responde a las convocatorias porque nadie quiere ser policía, los ciudadanos deben detener criminales y los ladrones nos roban en las calles tan fácil.

Una uruguaya en Tampico dijo hace unos días “al ver los militares en las calles sé la dimensión del problema”.

Por eso a un legislador se le ocurre que es mejor armarse.

Casi 10 años.