El desmenuzadero

La historia de Memo y su contagio de esperanza

Leo muchos balances sobre el 2014 sobre el México fracaso o el México en desarrollo.

De todas recojo un párrafo de Carlos Puig de su última Duda Razonable del año, la del pasado viernes 19, y que no por flojera extraigo íntegro.

 “Así que ante tal panorama de la vida pública más vale que en estos días nos reunamos con los nuestros, nos abracemos y besemos mucho. Bebamos y bailemos y riamos y comamos y leamos y durmamos. Y volvamos a abrazarnos. Que al final es lo único que importa.”

En cierta parte creo que se quedó corto.

En la superficie pudiera ser el esparcimiento y la reacción natural a un entorno difícil, aunque los mexicanos ya aguantamos el dolor, gritamos de euforia, lloramos de alegría, sonreímos la tragedia, y siempre bailamos, cantamos y amamos.

Pero allá donde termina la esperanza y nace la inseguridad, hace falta más que el buen baile y un trago; y donde no conocen la navidad, debe llegar; y donde sí, hay que rescatar los valores y el valor de la familia, luego, hallar el perdido sentido mexicano de unidad.

Memo y sus hermanos y su madre Laura pudieron haberse tendido a llorar la desaparición forzada del único sustento de su familia, pero se pusieron a trabajar y a vivir, todos y cada uno de ellos juntos, en equipo, en familia.

Todas las historias son ejemplos, unas más que otras, algunas escritas al viento, como tocando una guitarra imaginaria; otras redactadas en sangre y lágrimas.

Eso me lo ha enseñado mi profesión de reportero: vivir historias para contarlas.

La ignominia existe cuando más se separa de la realidad.

Por eso nos urge contar lo bueno entre nosotros, rescatar lo loable, sentirlo y contagiarnos, contrarestar el miedo que intimida hasta la ambición chiquita, replicar aquello que pasa un clamor de 140 caracteres.

Y por eso la familia Michel contagió, llamó a más gente buena, convocó su manera de afrontar la tragedia en un país con valores devaluados, en un estado donde la corrupción nos viola como civilización y nos violenta como seres humanos, en una zona de descaro criminal, donde la familia es base inestable de nuestra civilización.

La navidad y sus fechas son luto y mentada de madre de bastantes.

Para Memo y su familia fue una carta a Santa en un árbol prestado y una sonrisa al día siguiente por reacción de tantos: lo resumiré en “esperanza”.

Ahora entonces sí, ¡salud!.