El desmenuzadero

Nuestras estúpidas cortinas de humo

Para el mexicano, todo efecto mediático que involucre a la sociedad, y no lo identifique como natural o apruebe, es cortina de humo.

Éste el producto de suspicacia más barato, el más cómodo, no necesita análisis ni lo amerita, es anti tesis. Y una herramienta de la política.

Quien ose recriminar el señalamiento elegido es un vendido o un ignorante. Ha ocurrido que incluso hechos internacionales, venidos de un ‘actor’ ajeno al sistema gubernamental mexicano, son etiquetados como parte de la manipulación oficial de la que somos víctimas.

La detención del Chapo Guzmán y todo el performance político que involucró la ¿involuntaria? promoción es para muchos eso, pero al final, en una visión muy particular, el mexicano actual crea sus cortinas de humo.

Hay temas crisis puntuales y recientes que presumen una supuesta necesario existencia: el dólar rumbo a los 20 pesos; la seguridad; la crítica internacional y local a asuntos pendientes como los 43 y la Casa Blanca; las privatizaciones; la campaña Nuño; anote el que guste.

Pero ¿cortina de humo en tiempos de una relativa libertad de expresión y redes sociales? Eso sería tan insultante. Lo que proviene de la ‘mediatividad’ y malicia política es producto consumible y optativo.

Pensar que la tercera del Chapo pueda tapar la realidad actual o histórica del país, aunque así parezca en algunas ocasiones, nos supone tan pobres de mente. Al final el pueblo decide qué creer, y luego, qué hacer.

Así decidió la alternancia y regresar al refrán del ‘diablo conocido’.

Sin embargo, como sea que le vayan a llamar a este suceso, que seguro calificarán como el más importante en materia de seguridad, parte otra era del peñanietismo, cobija (cortina) de la anterior inmediata que era demasiada difícil para el gobierno y por lógica, para el país.

Por eso el Presidente salió a dar la cara, porque se antepone la detención en un orden político más que de seguridad, y dicho está, tampoco es un logro, era un error que le costaba el constante reclamo social y un arma opositora.

Sobre la popularidad de este terrible ídolo pragmático, positiva o negativa, se apuesta la aprobación social del Presidente y su gobierno, actual amenaza de su estabilidad y por supuesto, la estadía del PRI en el 2018.

El Chapo era una deuda, no enriquece ni soluciona nada porque la deuda social es muy alta, pero entre ‘cortinas’ es el activo político, de esos que comúnmente consumimos.