El desmenuzadero

El curioso caso del sindicato petrolero

La  historia el sindicato petrolero con los efectos de la reforma energética antoja el Deja Vu del sometimiento legal que hace unos meses llevó a cientos de maestros a las calles para protestar contra la educativa.

El sindicalismo es tan vulnerable hoy en día, lo sabe Elba Esther porque lo sabe el PRI, lo sabe Enrique Peña Nieto, lo sabe la sección 1, la de la histórica Quina.

El poder que por décadas cultivó el gremio de los hombres de caqui desde Ciudad Madero se diluyó en su una celda de Almoloya, y la sede de Miramar dejó de ser la capital petrolera de México.

Arrinconada entre el Golfo de México, el río Pánuco y la ciudad de Tampico, fue cuna de La Quina, que desde ahí hizo al sindicato el mayor cómplice de Pemex.

Por décadas, la sección 1 con su todopoderoso impuso gobernantes locales y gobernó con batucada desde el histórico edificio de la calle Primero de Mayo, dictó las políticas públicas de la ciudad, porque enamoró a su gente con dinero, con chamba, con discursos y porras, con un sistema gremial que les permitía heredar plazas sin control de calidad. Le mostró el músculo al sistema.

La Quina fue el hombre, el sindicato petrolero el poder.

Impuso a su gremio y a sus deseos en los planes de cinco Presidentes de la República. Pero a don Joaquín Hernández Galicia se le olvidaron los límites, motivó nuevas odas de poder como las que cantan sus corridos.

Después del 10 de enero de 1989 a los petroleros les cambió la historia y la perspectiva. El poder se subió a lujosos ferraris y vistió Armani, durmió en residencias del extranjero, luego, cedió poder y dejó la política a los políticos. 

Con la derrota de Sergio Posadas en la federal del 2012 se demostró que el poder petrolero no radica en ellos; al siguiente año la campaña de Esdras Romero requirió del servicio de panistas inconformes. Sus agremiados poco votaron por sus líderes.

Es más, dudo que triunfe la misiva contra la vocera de Pemex en la regional de Tampico, tan evidente.

Sus sindicalizados ya no se sienten seguros en la política, ni en la chamba.

El sindicato ha sido y es otra gran fuga de dinero para Pemex porque cuesta su complicidad, pero hoy, no representa una fuerza política, tampoco eficiencia en el trabajo y sí es una carga contra los planes de inversión compartida y reconfiguración que visualiza la energética.

El sindicato también es obsoleto.



erik.vargas@milenio.com   Twitter @erikvargas