El desmenuzadero

¿Votar por el mejor… o ‘el menos pior’?

Tamaulipas ya tiene sus dos candidatos para elegir el próximo gobernador. Olvídese de los demás, esto será de dos aunque nos vendan el pastel del libre albeldrío político.

No los nombro para que el orden no me merezca mayor importancia para alguno, de hecho en este momento ninguno me interesa, ni siquiera iré por orden alfabético. Lo interesante es ¿qué elegirá usted? ¿qué elegirán los tamaulipecos?

No quién, reafirmo, qué.

Me refiero a esos mensajes que preponderarán, rumores al aire, la información filtrada que creará perfiles públicos a la mano del votante cuando marque su boleta, ahí solito en la cabinita plástica, con la influencia como un eco, paso anterior a la urna.

En México muchos, en serio muchos, votan por el menos peor, por el que no es del partido tal, o el que no está tan ‘quemado’, juntitos a los del voto razonado y el voto nulo.

De lejitos están ‘partidoliebers’, los que esperan el billetito y la despensa, los que votan por el más guapo, en fin, cada quien es libre de hacer lo que quiera con su derecho.

Pero en los primeros de manera positiva o negativa afectarán los mensajes en los medios de comunicación y sobre todo en las redes sociales, y todos estos se basarán en lo que veremos en las próximas semanas: ¿Quién está libre del crimen organizado?

El tema inseguridad rige todo: tranquilidad, economía, educación, entretenimiento, discursos políticos, políticas públicas, y claro, campañas políticas.

Desde el pasado turbio que ha envuelto a uno con el tema de portación de armas y hasta el permiso de una fiesta financiada por el crimen organizado, hasta el posible financiamiento ilegal de la campaña del otro en tiempos del gobernador Tomás Yarrington, hoy investigado en Estados Unidos por vínculos con las narco organizaciones y la relación con el Grupo Higa, protagonista junto al Presidente de la República y su caida de imagen por la Casa Blanca.

Traerán en la bolsa el tema de los impuestos, la reformas del ‘presi’, la transparencia, empleo, pero eso no interesa mucho al electorado y no porque no sea importante, es cuestión de falta de credibilidad y hartazgo, un síntoma similar al que sufren los promotores religiosos que van casa por casa.

La medición será en el discurso “seguridad y corrupción”, peor aún, en la batalla sucia, el fango en redes sociales, y entonces elegir el “menos pior”.

¿Me equivoco?

Escupidero

Vean las fotos. ¿Cuál unidad? Puro show.