El desmenuzadero

Visión fallida de un Estado fallido

“Las redes sociales son eco de los gritos de Columba”

 

En el extranjero nos ven violentos por naturaleza”, dice mi viejo amigo y dramaturgo Ángel Hernández tras su estancia en Alemania en un festival de arte.

Me recordó la nueva queja del Gobierno Federal sobre la percepción extranjera hacia el país.

“Estamos estigmatizados por la violencia” dijo el Presidente Peña Nieto en el World Economic Forum.

¿Y qué puede pensar el mundo de un país donde se tumba un helicóptero militar con armas de alto impacto?

¿Qué se puede pensar cuando el Ejército anuncia estrategias de guerra, montado en vehículos de batalla?

La fama del México que cuenta muertes.

Es cierto, el país no vive en un estado de guerra de cabezas cercenadas en cada esquina, pero sí en estado de crisis, violencia en el ambiente y el vocabulario, en los juegos de niños.

Hasta cierto punto coincido con Ángel, entonces con EPN, sobre la hipótesis de una visión fallida de nuestro Estado fallido, porque las instituciones, enfermas, carcomidas, debilitadas, ahí siguen.

Los peor que podría pasar sería cederlas o que se aceptaran nuevas concesiones, ampliadas.

Reconozco y recuerdo en mi a un detractor de la operación calderónica que por sus efectos, se extendió en el país.

Una guerra con corporaciones inoperantes, sistema de justicia deficiente; un país de hombres corruptos, familias pobres y sin valores y con estructuras criminales fuertes.

Un país vulnerable hasta el tuétano cultural.

Sabía que había un mal que combatir, pero desconocía la magnitud del cáncer y la afectación de los órganos del sistema político y del Estado y se enfiló con su patriotismo y la certeza (real) que el narco se empoderaría de cualquier forma.

Una guerra mal planeada, pero sí, necesaria.

Pero la responsabilidad es histórica y compartida, primero por el deterioro de las instituciones durante el monopolio político y luego por las concesiones de un gobierno opositor blando y ávido de aceptación.

Peña lo que tiene hoy es una oportunidad de reconstrucción, difícil mientras haya policías semiprofesionales, esferas políticas como clase social, el fuero en la ley o educación mediocre.

Imposible con muertes como la de Columba Campillo, con crimen protegido y auspiciado.

La percepción extranjera no va a cambiar si no cambia la del mexicano, que se sienta orgulloso de su país, de su vida en él y sus leyes, de postura positiva. Sin ello, cualquier discurso será un lloriqueo ridículo y chantajista.