El desmenuzadero

Utopías

Cuántos tienen la oportunidad de contemplar su vida, recapitularla, cosechar sus momentos y cultivarlos con los nuevos.

Don Baltazar Pérez lo hizo, la escribió, la dejó editar y la publicó en un libro, para nadie más que para sus hijos, y para sus nietos, y quien lo quiera.

Lo dice, es un placer de los últimos que le quedan, de los que por cierto asegura, aún en un asilo norteamericano, tiene varios, pero por sobre todo, es la valoración de su felicidad.

Me atrae una reflexión. ¿Qué es una utopía? Intenta explicar y no atina a decirlo tal cual, porque Baltazar no es un escritor en pleno, es un hombre que vivió su vida y la plasmó en cientos de letras, tuvo esa oportunidad, pero tiene su idea tan firme de la utopía, de la suya, la evocó en su ponencia de presentación en varias ocasiones y yo lo ayudo a definirla: “su familia”.

En la historia de la humanidad, el hombre (sin géneros) ha buscado forjar las historias de éxito que evolucionen a la raza, a la misma humanidad, a una generación, a un país, a una ciudad, a una comunidad.

Y ha llegado el grado que también deba resaltar a una raza, a un color de piel, a una religión, a un ideal.

El hombre se segmenta y delimita por gusto, por amor a la competencia, y lo basa el sentido de la evolución como una respuesta al instinto de superación de la civilización o de la ley natural del más fuerte.

Pero esa civilización, desde su nacimiento como tal, también ha forjado un estandarte de su era, el paso en la evolución con la que inició realmente el orden de las sociedades: la familia.

Don Baltazar así lo ve, desde la humildad de su origen, su escalada en la vida y temporalidad de la que fue parte en plenitud.

Procrear - y mucho, presume- y forjar una familia, con el orden, con la fe en ella misma, pero sobre todo, recalcó una veintena de veces, en felicidad.

La reflexión llega en los momentos en que el mundo se debate en tantas cosas propias de la evolución de la sociedad, una evolución que a pasos agigantados se come algo tan simple como la familia, su raíz, sus valores, pero tan fuerte que sin ella, la humanidad se pierde en sí misma.

La utopía es lo impensable, lo inalcanzable, el estado subconsciente de perfección que lógicamente, nada tiene que ver con el estado real de imperfección.

Trabajo, superación, popularidad, cuando puede estar en lo más básico, simple y fuerte.

¿Cuántos entenderemos nuestra utopía?