El desmenuzadero

Un Tamaulipas positivo… ¿o un sueño?

Poco a poco las calles de Tampico cobran vida y hacía mucho que la ciudad no se veía así.

Los días oscuros están en tregua, guardados en el cajón del pasado inmediato.

Y puedes ver a las familias, a las parejas, a los amigos, oler y escuchar.

Qué gusto ver a la gente afuera contenta, inundando las calles, dando color a una ciudad deslucida por la delincuencia.

Y esto no significa que todo vaya bien, la policía no es suficiente y la seguridad no es óptima, pero esta temporada regresa hasta cierto punto el positivismo de la ciudad.

Gabriel Rubio escribió ayer sobre las cosas que valen la pena. Definitivamente es la familia, la amistad, ahí todo encuentra sentido.

Pero el positivismo ayuda en el estado anímico, empuja a intentar resolver lo que en tiempos duros pasa de difícil a imposible.

Creo que esa es una buena oportunidad hoy, de tomar conciencia, fuerza, ganas de poder o querer, y tomar el control que le dimos a nuestras autoridades y que ellos le regalaron al crimen organizado.

La confianza en nosotros mismos, el fortalecimiento familiar, los valores, el amor.

Y coincidente con ello, también hoy empiezan las campañas políticas, y con ellas el abuso en el bombardeo del marketing político, las falsas identidades, el descaro en el uso de los recursos públicos, y a veces buenas intenciones que casi siempre descalificamos porque vienen del lugar que nos vuelve pesimistas.

El positivismo que puede obtener una sociedad que se la ha pasado secuestrada o escondida, también puede ser la actitud colectiva para enfrentar los problemas sociales, y también para encarar la forma en que nos hacen la política, de exigir que sean honestos y que propongan soluciones viables, que abandonen la demagogia.

Tendríamos unas elecciones únicas con una mejor actitud ciudadana.

Y que nuestros gobernantes que recuerden que son tamaulipecos y que sus viáticos salen de impuestos y que no hacen servicio social, cobran.

Pero también significa que el ciudadano mejore, que respete la ley, que sea menos agresivo, que tenga respeto.

Esta actitud de Semana Santa puede ser contagiosa, puede ayudar a mejorar a una sociedad.

El problema sería que el positivismo fuera solo un momento de fiesta, una ilusión solo porque la ciudad se ve tan bonita con su gente feliz.

Tomando a mi buen Luis Fernando Castillo, “Solo esperemos que no pase tan rápido y que no sea solo un sueño”.