El desmenuzadero

Tamaulipas: permanencia, alternancia... o la huevonada

Este día podría ser histórico. No por quién gane, las posibilidades son tácitas sólo al decir ‘democracia’ y ‘elección’.

Va en torno al análisis de Milenio sobre lo que históricamente ha pasado en los procesos electorales de Tamaulipas: siempre gana el abstencionismo.

Si alguien fundara el partido abstencionista, ganaría. ¡Pum! ¡Idea millonaria!

Es por el hartazgo, la apatía, la rascadera, la ignorancia, la ignominia, la desconfianza, o ‘la calor’, que más de un millón de tamaulipecos cada comicio deciden dejar la boleta destinada y los miles de pesos que se invierten para cada sufragio, en la lista de las mil 500 cosas que valen mauser. Voto fantasma.

Como dijo el joven empresario Mario Mariño “Es ridículo que el 40% del padrón electoral tome la decisión del otro 60% que no sale a votar”.

Ridículo no, porque a final de cuentas cada ‘yo’ decide qué hacer con su voto y dónde meterlo, y la opción puede ser desecharlo o ignorarlo, más cuando las campañas como las que vimos este año, son insípidas y huecas, llenas de estiércol, escobas y ridículas víctimas, como si todo fuera un guión surrealista de una mala telenovela de… sí, atinó.

Aun quitando toda la ciudadanía que no puede votar por causas de fuerza mayor (trabajo, hospitalización, suspensión de derechos, no cambio de credencial, etcétera) la cifra de gente postrada en la hamaca caguameando en ley seca y viendo TV es alarmante, y apunta a una democracia débil, a la que se le invierte mucho, (329 millones 236 mil 570 pesos y 07 centavos para ser exacto, más lo otro) y aún así no genera confianza ni participación.

¿Tendríamos que llegar a la obligatoriedad del voto? Así se realiza en más de una veintena de países: hermanos latinoamericanos como Argentina, Brasil, Paraguay, Perú, Uruguay, Panamá, Bolivia, Ecuador u Honduras; o de primer mundo como Australia o Suiza.

No creo; soy del pensamiento donde elegir no votar también cuenta. El voto nulo es una forma de protestar la ineficacia, el descontento, la falta de empatía (en esta elección no hay mucho que empatizar) Pero en México gana la flojera.

Sin embargo, ésta tiene factores interesantes como competencia; anti-priísmo y priísmo (‘ódiame mucho’ de eslogan); análisis del voto; independientes.

Queda seguridad, y ahí estado y federación son directos responsables de cualquier daño a la democracia, fuera de ello nos queda decidir entre permanencia o alternancia, o la chingada huevonada.