El desmenuzadero

Rodolfo, una de las marcas del violento 2010

Al igual que otros magnicidios famosos en México, el ocurrido el 28 de junio de 2010 en Tamaulipas es una marca profunda en la historia del país.

La muerte Rodolfo Torre Cantú no es ni por asomo un punto de partida para la violencia, pero sí dibujó con tinta indeleble en su dimensión la realidad del estado.

Ese día el reflector volteó a Tamaulipas; luego el 24 de agosto de ese mismo año, regresaría con el hallazgo de 72 migrantes centroamericanos en una fosa y desde ahí, la “altiva y heroica” es protagonista de la nueva lamentable y triste historia de México.

Tan solo meses atrás, en abril, fue ‘reventada’ la feria de Tampico en pleno concierto de la extinta Jenni Rivera, lo que a los días sugirió la cancelación de las fiestas de esa ciudad y el inicio de auto toque de queda.

Luego, en noviembre, el valeroso sacrificio de Alejo Garza Taméz, empresario, cazador de afición y héroe que enfrentó a un comando que irrumpió en su rancho, a 15 kilómetros de la capital.

Todos antecedentes de historias igual o más tristes pero menos célebres, del collage violento que inició en 2010.

¿Pero qué significó la muerte del candidato a gobernador, a solo 7 días de las elecciones que, según las estadísticas, eran suyas?.

Simple: la degradación del poder, en el estado y en buena parte del país, porque tocar a un civil es una tragedia, pero tocar a un “intocable”, alerta y alarma, porque si la gente de poder no está segura, qué podemos esperar “los de a pie”.

Las crónicas de la delincuencia organizada y sus “sistemas de trabajo” que antes estaban solo focalizadas en sectores específicos del noroeste del país, desde los años del pintoresco Presidente Fox se habían expandido y eran ya historias urbanas en la frontera tamaulipeca.

Los cobros de piso, los sobornos, ya no eran escenas de Godfellas, The Untouchables o The Godfather o versos en los corridos de los Tigres del Norte; el dominio de grupos delictivos a la sociedad tenía un impacto directo masivo.

El doctor fue demostración de magnitud, prólogo de un libro de historias tristes y desesperanzadoras llamado Tamaulipas que cuenta de nuevos huérfanos, viudas y viudos, y del que nadie sabe contar el final.

Tamaulipas es desde 2010 ícono del México rojo, de la desestabilidad in crescendo, ícono del divisionismo de autoridad y la ignominia de poder.

Twitter: @erikvargas e-mail: erik.vargas@milenio.com