El desmenuzadero

País de leyes, país de nada

La era de Peña Nieto enmarca el diploma del país de las leyes.

Si contamos que la constitución que nos rige tiene al menos 8 antecedentes de normas supremas que en su momento estuvieron vigentes, sabemos que México es de leyes.

Éstas surgen nuevas, perecen rápido, se cambian más rápido, sus códigos se han adecuado tantas veces y se ha reformado y transformado; la vida legislativa de México es tan versátil que supone suficientes y necesarios 500 representantes en la cámara baja y 128 en la cámara alta, además de tribunales superiores y especiales que definen lo que no se puede resolver el Congreso que cuesta solo en el año reciente 12 mil 381 millones 688 mil 301 pesos.

Las leyes nunca han sido el problema, la bronca es que sirven muy poco, son guión que termina en mala película, partituras ejecutadas por una mala orquesta, pésimas políticas públicas.

Se reforma, se legisla, luego la instituciones y sus personajes deben aplicarse, pero al final los reglamentos no están, los recursos no llegan, el personal no alcanza.Cómo crear sistemas adecuados marginados por sindicados ‘políticos’ y corruptos (sin que esto suene a pleonasmo).

Como abatir el bullying si no hay dinero en las secretarías de educación en los estados, si no hay maestros suficientes, ni aulas, (ya ni decir aptos) menos habrá psicólogos.

Cómo atender a los sectores vulnerables, sino hay mecanismos, espacios, ni recursos suficientes, solo despensas y colchonetas.

Cómo controlar a una riesgosa, cara, obsoleta y corrupta Pemex, pastora de borregos vestidos de caqui, si no pueden modernizar sus vetustas y endebles instalaciones (aplica en personajes).

Cómo salir de esa tan larga vía de desarrollo con salarios ínfimos nacidos de una economía popular ineficaz; cómo salir de una crisis de seguridad con policías y sistemas corrompidos e infiltrados; o un sistema penitenciario que rehabilite, no especialice.

Las políticas públicas son una papa caliente, responsabilidad de todos y nadie, son un escupitajo para arriba, son promesa de campaña, ‘proyectos’ que terminan cada 3 y 6 años (en algunos 4).

Mientras cada quien interprete la ley a su antojo y nadie vigile, mientras no saque ‘lana’ de áreas superficiales y los invierta en áreas vulnerables, México seguirá como un país de injustas, demagogas y utópicas leyes.