El desmenuzadero

PRI gobierno, el principal enemigo del PRI partido

En agosto pasado le pregunté al presidente del PRI de Tamaulipas, Rafael González Benavides si el partido había aprendido la lección que les marcó ‘su fama’.

Me dijo que sí.

Ni de lejos imaginaba el escándalo de ‘la casa blanca” de Angélica Rivera.

En aquél tiempo él veía ‘áreas de oportunidad’ y mucha atención.

“Osorio, cinco veces en Tamaulipas”, decía.

Después de eso el secretario de Gobernación ya no regresó.

El vicealmirante Arturo Zamacona, quien hasta el viernes comandó la Primera Zona Naval y una de las cuatro regiones federales de la Estrategia Integral de Seguridad, resumió porqué Chong no regresó ‘ni por la feria’: no se ha recuperado la confianza.

No había qué presentar a los seis meses, pero la culpa se la echaron a la ingobernabilidad de Michoacán y las autodefensas, formalizadas cual SAT a un changarro.

Osorio dijo a empresarios que esta semana vendría, o sea, ocho meses después argumentará el liderazgo en secuestros y extorsiones; los asaltos y saqueos a dependencias, escuelas y al sector rural; los millones de dólares arrancados por el crimen a la industria; las dudas de los inversionistas; hasta el gas se fue.

El coordinador de Seguridad Pública Estatal, José Marines, ya dijo que no puede blindar nada de manera especial… pues cómo si no hay con qué.

No hay policías y nadie quiere serlo.

Faltan muchos recursos y no se puede reparar un motor con sólo un martillo.

Don Rafael decía que de la mano de los proyectos de estado, deberían venir las políticas públicas, pero hoy, ‘corrupción’, ‘abuso de poder’, ‘impunidad’ son apellidos del gobierno que se viste de discursos utópicos que solo agrandan la incertidumbre hacia la figura presidencial y el estado y sus municipios son insuficientes.

La precepción del groso poblacional después del proyecto de reforma se traduce en impuestos, incremento en combustibles, enriquecimientos ilícitos, desempleo, pobreza, escuelas indignantes y mucho, mucho rollo.

Tan cerca las elecciones, el PRI partido deberá prepararse para enfrentar a su peor enemigo, el PRI gobierno.

Muy poco servirá ese concienzudo casting de perfiles para candidatos.

Entonces ¿qué sigue?

¿Confiar en la autodestrucción del PRD, en el autodesgaste del PAN o en que Gustavo Cárdenas enamore a los indecisos y divida la oposición?.

El nuevo PRI es una curiosa versión del caso de Benjamin Button.

Twitter @erikvargas  erik.vargas@milenio.com