El desmenuzadero

México tolerado

México tiene una bonita y curiosa costumbre para dignificar lo ilegal, lo apócrifo. Es como nosotros mismos minimizamos el conflicto moral y lo volvemos normal.

Tolerado es una palabra común en todo el país que subraya lo que está mal, que no debiera ser e incluso que es ilegal, pero que es necesario.

Le explico, si usted alguna vez ha tenido la oportunidad de visitar o pasar la huasteca veracruzana o la hidalguense o la potosina, habrá visto el transporte rural que se presta en muchos de los municipios más pintorescos de la zona, pero si no, le ayuda a imaginarlo.

Una ford modelo o una datsun del 89, de hojalatería pintada y color difuminado con el óxido, la partes a medio ensamble, defensas caídas. En la batea la camioneta una armazón tubular ‘hechiza’ para sostener una lona que resguardará al menos a 20 pasajeros amontonados, algunos con los pies en la defensa.

Es ilegal y peligroso, incluso pasaría por varias recomendaciones o señalamientos de violación de derechos humanos, sin embargo, son necesarios. Es eso o a pie, lo que hay, es un transporte tolerado.

Bueno, en el sur de Tamaulipas algunos concesionarios piratas solicitaron con protestas concesiones y permisos para abrir oficialmente las rutas que ya funcionan con el aval extra oficial de la autoridad, y la amenaza es escuchada porque aunque son irregulares, se saben necesarios.

En todo el estado, más de cinco mil unidades de este tipo armaron rutas inéditas porque no existían, porque simplemente en ese tema que llaman desarrollo urbano, hay un desmadre, y la autoridad no puede garantizar que lo oficial sea bueno, por lo menos regular.

Y en lugar de los armatostes desarmables, la gente prefiere el tolerado porque son limpios, menos obsoletos… e ilegales.

Nuestro México vive así, vivimos así, entre coyotes y piratas, entre mulas y halcones, entre moches y mordidas, porque es más rápido, más eficiente, no nos metemos en problemas y porque no hace daño a nadie, pero sí.

Toleramos un servicio médico de la fregada, sistemas de justicia y fiscales groseros, y tan sólo hace un día, que nuestros maestros sean consentidos por una federación vestida de jersey electoral que los blinda contra la evaluación necesaria para cambiar las cosas.

Pero así vivimos, no hay bronca. Hasta en las familias se toleran cosas.

La comodidad de decir “es lo que hay”, vivir en una vieja ford que demuestra que la ilegalidad, no es el pan de cada día, es hasta cierta parte, nuestro estilo de vida.