El desmenuzadero

En México, conflicto de interés es sinónimo de ‘chingar’

La lógica de la actitud mexicana es irónica y depresiva porque su verbo favorito es ‘chingar’; éste es idiosincrasia, además, palabra clave en el entendimiento de nuestra cultura e historia.

El origen del verbo de superioridad aún se pelea entre las lenguas gitana, náhuatl e incluso africana.

El significado justo, o sea, según el Diccionario de la Real Academia Española es importunar o molestar, pero en México es todo lo contrario a la máxima más famosa de Benito Juárez.

Octavio Paz veía fin la palabra “un acto de agresión en todos sus niveles”.

Nuestra historia, rica por sus tragedias, debate al mexicano entre chingar y ser chingado, en lo último, ha demostrado a través de los siglos la capacidad de sumisión: el empoderamiento azteca, el sometimiento español, las primeras dictaduras, nuestros sistema político actual y hoy el crimen organizado.

En el penúltimo, el del poder conferido, México arraiga frases tan célebres como nuestra palabra clave: “¡Que chinguen pero que hagan algo!”, “el que no tranza no avanza”, “la ley de Herodes, o te chingas o te jodes”.

Añadiría, "conflicto de interés".

Teorías de estas situaciones, como la surgida tras la exhibición de las casas de Angélica Rivera, Luis Videgaray y el propio Enrique Peña Nieto – y se anuncian que saldrán más-, no son nuevas, tampoco exclusivas de las grandes esferas de poder.

El ciudadano intuye desde siempre que el alcalde, el gobernador, el legislador, el presidente, dentro de su irregular uso de recursos, utilizan la obra pública y los contratos de proveedores para responder compromisos políticos, de ahí también que el diezmo ya no sea solo un término religioso.

Y entonces hombres comunes se vuelve poderosos y los poderosos, aún más.

Sin embargo ‘La Casa Blanca’ y la de ‘Ixtapan de la Sal’ servirá para que la población – que sí, en época electoral- pueda cuestionar y enfrentar algo innegable: nuestra transparencia es turbia.

El tema es que las formas de licitaciones tampoco están blindadas porque quien califica la aptitud del proveedor-constructor es el propio gobierno y quien controla las irregularidades, pues adivinen quién es.

La oportunidad presente es incomparable: comprometer a los que vienen a que, valga la redundancia, no comprometan intereses personales y sí transparenten cualquier movimiento de recurso público, o de plano, si nos chingan, que nos pavimenten una callecita.


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