El desmenuzadero

Identidad de un Tampico deprimido

Cuando José Arcadio Buendía le dio a Úrsula, su mujer, el porqué debían irse de Macondo, explicó, hasta cierto modo su percepción de identidad: “Uno no es de ninguna parte mientras no se tenga un muerto”.

Ella contestó “Si es necesario me muero aquí”.

En una atmósfera de pólvora y depresión multitudinaria, entiendo la identidad como el sentimiento más puro del ciudadano por su tierra, por su historia, amalgamado más allá de un gentilicio.

Donde sus niños cantan sus himnos y cuentan las historias de sus héroes y de hazañas que perduran como el más mítico de los cuentos; donde los hombres y mujeres sienten el esfuerzo colectivo y respetan la evolución de su sociedad; donde sus autoridades se sientan ciudadanos y parte del apretón de manos cotidiano.

Pero buscan dos patrias porque no tienen identidad, y porque su ciudad, en la que ganan y pierden, es sucia, insegura, triste, cara.

He escuchado a tantos foráneos cual Chavela Vargas diciendo que los tampiqueños ‘nacen donde se les da su chingada gana’ y tantos tampiqueños desear ser Chavela de otro lugar.

Residentes de la fiesta y la algarabía, gritones de los triunfos, pero en la ignominia de su historia y su cultura.

No encuentro a los prohombres del dinero tampiqueño defendiendo a su gente del saqueo, y sí sensibles como su intercambio de divisas e inversiones para endosar a los que quedan de la responsabilidad histórica por la violencia actual, y el deterioro y degenere cívico.

Y ellos comprenden a un gobierno víctima de la impaciencia ciudadana, que sufre de marchas ilusorias y se corona de ídolos caídos.

Tampoco veo a la sociedad exigiéndolo.

Esa falta de empatía y amor por su comunidad, la actitud del ‘a mi me vale madres’ nos convierte en sujetos ajenos a nuestros vecinos de casa, de cubículo y de asiento en la sala de espera.

Lo sigo pensando mientras veo los mensajes en las redes sociales tras la violencia estúpida por su esencia, y estúpida por sus insípidos resultados.

Pobres de los responsables por la desconfianza.

¿Quién se siente verdaderamente ciudadano tamaulipeco, o tampiqueño, o huasteco?

Si esta sociedad se quiere salvar, más allá de los blindajes obligatorios que nos cuestan tanto y no tenemos, debemos tomar el sentimiento de pertenencia,y crear en los que vienen, el sentido de identidad.

Quizás no todos tengan un muerto, pero todos tenemos un sentido de pérdida en este lugar.


Twitter: @erikvargas e-mail: erik.vargas@milenio.com