El desmenuzadero

Frida Sofía no fue “oasis” de esperanza

Frida Sofía pudo ser cualquier cosa, pudo ser un momento de desconcentración o la maquinaria mediática, hasta el nombre de la heroína canina mezclado con otro, confusión e ilusión.

Pudo ser el eco del cemento asimétrico, la voz en la respuesta del cansancio de las horas y horas de llamados, un fantasma de los recovecos.

Pudo ser una cortina de humo y la eterna desconfianza.

Debo reconocer que en modo pensativo, absorto o en el ocio, yo mismo soy víctima (y victimario) del conspiracionismo, de creer que de cuando en cuando, el sistema que chinga, me chinga y engaña, y que de vez en vez, los problemas merecen y las medidas le ameritan, y que un efecto tapa otro efecto.

Pudo ser un rumor certero, como tuit mal escrito o foto convertida en meme, viral hasta en el bostezo, como la burla del día a día.

Sin embargo quiero quedarme en lo que fue.

Frida Sofía representó la esperanza.

Fue la piedra de mano en mano, la cadena humana, la de donación, o la de oración.

La piedra que pasa de manos de mujer a hombre, de gay a heterosexual, de nativo a extranjero, de rico a pobre, de chairo a oficialista, de chavorruco a millenial.

Fue el sentido de la unidad, un nombre que simbolizó desde la tragedia, una fuerza que pocas veces se ve en el México contemporáneo, en el de la desconfianza y la ignominia.

Sí, fue mentadas de madres al político oportunista, y hasta su deseo de muerte, “como no se cayó el Congreso”, pero también fue un México volcado, un México positivo, “¡Ánimo!”

Encumbrado en un trending topic, no el de siempre, no el banal, fue escrito digital entre lágrimas de verdad y pocas de mentira, fue memes contenidos “por hoy”, porque “no es momento”. Unidad no solo de futbol.

Fue el centro del corazón, sin azules ni morenos, el agua embotellada, los tamales calientitos, taquitos hechos en casa, fue los últimos pesos de la quincena donados.

Frida Sofía y su escuela cimbraron la conciencia, y con ello estuvo viva del corazón.

Aunque al final la palabra se hizo anecdótica, se convirtió en “disculpa”, daño del sistema, de la televisora, de un comunicador, de un marino; su nombre dejó una marca en el México anterior, dividido hasta en la nimiedad, y mostró una cara que pocas veces puede.

Que no represente el engaño, que Frida Sofía no abandere desilusión, sino el México unido, al que le hacen falta cadenas de ayuda en las tragedias del día a día.