El desmenuzadero

Familias devaluadas de navidad

Vivimos tiempos difíciles.

Para el mexicano decirlo es mucho, acostumbrado que siempre hay alguien que ‘lo chinga’.

La prudencia disminuyó la hombría; el miedo esclavizó a la sociedad.

Las viejas historias de abuso son historias hermanas, vecinas, conocidas.

Los altares cada vez son más jóvenes y más tristes.

Nacen más pueblos y colonias fantasmas, como visión de Pedro Páramo.

El miedo ensombrece, a veces, la ambición chiquita, la del negocito, el carrito.

Los valores están devaluados, encriptados solo en tendencias digitales.

Los llamados de paz y honestidad caben solo en 140 caracteres o acompañados de una foto.

Los discapacitados no tienen derechos.

Los niños no tienen inocencia

Las mujeres no encuentran su espacio.

Los pobres son solo eso para los ricos.

Los políticos son cínicos y burdos.

La corrupción nos viola como civilización y nos violenta como seres humanos.

Pero somos mexicanos, hombres de pantalones bien fajados y alma inquebrantable; mujeres luchonas y protagonistas.

Hacemos todo al revés, callamos de dolor, gritamos de euforia, lloramos de alegría, sonreímos de tristeza. Así lo dice el alma de nuestra sociedad e historia.

Pero la navidad y sus fechas serán luto de muchos, mentada de madre de bastantes, aunque urgen minutos de entendimiento de nuestro rescate mexicano.

Nuestro país lo pide a gemidos, a gritos silencios, pa’ dentro, vaya pues.

Las familias están fracturadas a sí mismas y estos son tiempos de yeso. 

Un párrafo de Carlos Puig del viernes en su Duda Razonable me llamó la atención, y no por flojera lo extraigo íntegro.

“Así que ante tal panorama de la vida pública más vale que en estos días nos reunamos con los nuestros, nos abracemos y besemos mucho. Bebamos y bailemos y riamos y comamos y leamos y durmamos. Y volvamos a abrazarnos. Que al final es lo único que importa.”

Creo que esa actitud nos vendría bien a todos, aunque podría asegurar que esa actitud la tenemos casi todos.

También creo que se quedó corto.

Allá, donde termina la esperanza y nace la inseguridad, hace falta más que el buen baile.

Allá donde no conocen la navidad, debe llegar.

Donde sí, tenemos que rescatar a nuestras familias, devolver los valores.

Luego hallar el sentido mexicano de unidad que parece solo llega con la selección.

Necesitamos encontrar lo perdido, y entonces sí, decir  ¡salud!.

Feliz Navidad.

Twitter @erikvargas  e-mail:erik.vargas@milenio.com