El desmenuzadero

Colosio, y los ídolos que necesitamos

Quise escribir de Vergara y la Niña Jobs, de las pésimas carreteras o los sobre valorados diputados,  pero es 23 de marzo, aunque, nada se puede aportar al tema Colosio de los dicho antes.Que es la bandera del neopriismo, un beato político, que hay teoría de la suplantación y el complot salinista.Que representa también la decadencia del sistema y esa delgada línea entre la política y la corrupción. El magnicidio supone una crisis, siempre.

Que es utilizado por quienes no deben, y que su caída martirizó al partido y aseguró su tambaleante (por segunda vez) estadía en el poder.Lamentablemente nunca vamos a saber a ciencia cierta qué pasó previo al día en que fuera activada en dos ocasiones el revólver Taurus calibre .38 especial. Y si así fuera, no todos los creeríamos ¿No?¿Qué habría pasado si la tarde de ese 23 de marzo la parte final del atentado, en Lomas Taurinas, hubiera fallado. O sin complot. Si Luis Donaldo hubiera sido el quincuagésimo noveno Presidente de la República. ¿Sería tan idolatrado?.

No tuvo la oportunidad de demostrar su integridad, o de ser parte de toda la mecánica gubernamental. No pudo ser villano, por lo menos el que la oposición necesita.Entonces se creó un adoctrinamiento en torno a su imagen; se beatificó políticamente al político, no al hombre.No importa la oposición y la teoría del complot y la podredumbre al interior del sistema.¿Quién perdió?, Murió un hombre que no tuvo oportunidad de intentarlo, uno del poder, y eso intimida al pueblo, porque supone un poder mayor. Perdemos todos.Pero a los hombres nos gustan los mitos, los simbolismos y 20 años después la imagen de Colosio es uno de ellos, es el John F. Kennedy priista, su Martin Luther King, su “Che”.Ni siquiera Álvaro Obregón, de igual infortunio, es tan icónico en su partido.Donaldo no pudo ser señalado por sus decisiones financieras, por sus reformas o sus políticas externas o internas, por levantar la mano o por defender su dieta.

Él no tuvo “error de diciembre”, no tuvo conteo de muertos, no fue represor estudiantil, tampoco vendió activos nacionales, no fue criticado por su botas o por no recordar tres libros.El mártir es Colosio, el hombre, el padre de familia; mártir su familia, México, pero no el PRI.Pero ahora es la deidad priista, el discurso mítico, el político inmaculado, los ídolos que utilizamos.