El desmenuzadero

Adiós al “Vaquerito”: epidemia de violencia


La violencia se contagia, corre fácil, como esos deseos carnales y naturales que nos repiten que por muy arriba que estemos en la cadena alimenticia, seguimos siendo animales.Eso muestra el caso del niño Manuel “El Vaquerito”, una crónica triste desde el pasado jueves cuando formó parte de una comitiva religiosa arrollada por el auto de un hombre septuagenario aparentemente intolerante, hasta el día que una familia beisbolera le dio el adiós. ¿Qué tan cierta será la presunta inocencia de René Ruiz Cavazos o su supuesta embestida iracunda sobre los danzantes que no lo dejaban pasar?.

No sé, lo cierto es que en casi todas las versiones se habla de un momento de pérdida de control, una tan similar a la mostrada en video de un sujeto aventando su camioneta a unos “broncudos” manifestantes del magisterio.O una riña sentimental en la que un novio termina con la mano rota por los golpes en el rostro de su ‘amada’, destrozada y sin vida.Un momento tan preciso que puede cambiar el destino de todos, afectando a los que no están y contagiando de coraje y sentimiento al espectador.¿Eso es necesario en días tan violentos como éstos?.México pasa por una fase de desprendimiento social no solo provocado por el consumo ilegal de drogas y el empoderamiento de grupos delictivos, sino por la histórica corrupción, pobreza y marginación, falta de educación, salud y mala calidad de vida, y que ha llevado a la cultura del ‘chingar al prójimo’.¿Qué nos pasa? diría la frase del actorazo Héctor Suárez.

La violencia se contagia tan fácil que cualquiera en un momento pudiera liarse a golpes con otro cualquiera, solo para soltar estrés, hartazgo, el miedo, la impotencia o el coraje.En estos tiempos, quienes levantan cotidianamente la bandera de “naturaleza cabrona” deberían pensar antes de un insulto para hacer la diferencia. Una riña terminada en un ‘hasta luego’, un coraje limitado a un respiro o una mentada de madre menos podrían hacer la diferencia para los que de alguna manera, tratamos de que las cosas salgan mejor.Y recordando a otro actor, algunas veces deberíamos pensar que “La cosa es calmaaada”.Escenas como la despedida de “El Vaquerito” en su campo de beisbol lleno de amigos, el llanto de su seleccionado y olímpico hermano, no deberían existir solo por un coraje. Un niño que hacía deporte en una sociedad violenta y con photoshop.