El desmenuzadero

Acostumbrarse al miedo

Ayer en un foro sobre desa-parecidos se planteó al menos en tres formas, una pregunta común para los tamaulipecos.

“¿Vivimos con miedo?”

Sabemos que el crimen organizado ahí está.

Sabemos que el gobierno no puede con ellos, vaya, ni si quiere tienen las herramientas, y el dinero no saben cómo gastarlo.

Pero hay que salir a trabajar, a estudiar, a divertirse, a veces a ser víctima. Y ser víctima no es exclusivo del pudiente.

Actualmente en el menor de los males delictivos, están, por ejemplo, los robos domiciliarios en Tampico que fueron respondidos con 20 policías para seis colonias residenciales.

No hay elementos, los que quedan no son confiables y las fuerzas federales no son suficientes porque combaten crímenes de alto impacto.

Y es aquí donde podemos encontrar la crisis: Tamaulipas sigue siendo víctima del crimen de alto impacto.

Según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en el estado hay con un registro histórico, pero con énfasis marcado desde 2007 a la fecha, 5289 desaparecidos relacionados con una averiguación previa, o sea, denunciados.

Tan sólo en lo que va del 2015 hasta el mes de junio, 179 secuestros registrados ante alguna Agencia del Ministerio Público.

De la mano, otros delitos como la extorsión.

El gobierno federal y los reflectores, se han alejado del Estado porque las balaceras y enfrentamientos se han reducido, sin embargo otros indicadores informales como la creación de redes de alerta en, valga la redundancia, en redes sociales en la frontera estadunidense, muestra una percepción muy cercana a los que respiran el aire tamaulipeco.

Y las crisis en Guerrero o Michoacán, el control contra la rebelión magisterial en Oaxaca u el operativo de inteligencia post Chapo, difícilmente regresarán el pedazo de cobija de seguridad que el protagonismo le quita a Tamaulipas.

Pues sí, salir de una casa, de una escuela, atrae un la desconfianza porque la calle tamaulipeca es insegura “¿debemos vivir así, hasta que nos toque?”.

La controversia podrá gritar sobre los efectos sociales del sistema como son el económico, cultural o educativo, el deterioro del núcleo familiar, o los enormes telones de cortinas de humo y el control psicológico de un modelo de esclavitud tan complejo como simple que utiliza lo ilegal como su mal necesario.

Una mujer dijo “tenemos que aprender a vivir con ellos, porque los vemos ahí”.

Tan triste, tan necesario mientras nadie seamos algo o busquemos un aislamiento anárquico de Zaratustra.


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