Articulista Invitado

El petróleo y gas "shale": un país fracturado y contaminado

Además de que el proceso de extracción de este tipo de hidrocarburos hace que la producción disminuya muy rápido, se afecta el agua de los ríos y, por ende, la salud de las personas y los animales.

La reforma constitucional y las leyes secundarias hacen que el país regrese al porfiriato con la Ley de Deslinde de Tierras. El país está prácticamente cuadriculado al mejor postor; pero los efectos perversos de estos cambios ya se empiezan a sentir: un país fracturado y más contaminado. Las perforaciones en Nuevo León, Chihuahua y Tamaulipas presagian los efectos secundarios que se han vistos en otros países como Estados Unidos, Rumania, Reino Unido y Canadá: sismos, cuarteaduras de las casas y una contaminación ambiental sin precedentes. Sin hablar de la contaminación del agua y casos de cánceres, principalmente en Estados Unidos.

Tanto en la reforma constitucional como en las reformas de las leyes secundarias, la apuesta por la explotación del petróleo y el gas shale aparece como uno de los objetivos fundamentales de estos cambios trascendentales. En esto se emula lo que desarrollan en esta dirección tanto Canadá como Estados Unidos. Lo grave del asunto es que el gobierno “considera las actividades de exploración y explotación de los hidrocarburos gozan de un interés superlativo para la nación”. Esta apuesta puede resultar muy arriesgada, por un lado, por lo cambiante de las estimaciones que se dan sobre los futuros yacimientos y, por el otro, no olvidar que la apuesta por el petróleo en los años ochenta nos llevó a la gran crisis económica de 1982.

Se privilegia al petróleo en detrimento de las energías eólicas, solar, de los biocombustibles, y esto es grave, pues aún con el añadido del petróleo y el gas shale, tienen una duración limitada.

Aunque es muy atractiva la apuesta por gas y petróleo shale, ningún país europeo ha iniciado la explotación bajo esta modalidad. Reino Unido, el más liberal, ha tenido que dar marcha atrás ante la movilización pública. En Rumania se ha detenido este tipo de explotación. La Unión Europea prepara una directiva común ante este tipo de tecnología.

Con la fractura de varios pozos que contienen gas shale (gas lulita) en Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, México participa ya de este método de extracción. Estados Unidos vive la euforia del gas shale a gran escala (7 mil pozos perforados solamente para el año 2012). Sin embargo, estos combustibles no convencionales son de poca duración como caros: se corre el riego de provocar una burbuja financiera (42 mil millones de dólares para mantener la producción actual).

La explotación del gas de esquisto y el petróleo asociado a las arenas bituminosas han creado una sobrestimación de su explotación y no se ha considerado que el proceso de extracción hace que la producción disminuya muy rápido. Por ello se ha dado la alarma e, incluso, se habla de una eventual burbuja que puede tener efectos graves sobre la economía mundial.

En efecto, la explotación de este tipo de gas tiene una rentabilidad muy corta. En cada pozo fracturado y reactivado se obtiene gas o petróleo en cantidades importantes, pero al cabo de dos años la producción comienza a decaer, hay así una rentabilidad inmediata, y de corta duración, y las inversiones que se requieren y el agua que se necesita para reactivar la roca madre son muy altas. Entonces es necesario perforar al mismo tiempo varios pozos. Lo que aumenta el territorio que se explota y, por consiguiente, el medio ambiente afectado.

Los efectos ambientales en la extracción de petróleo y gas de arenas bituminosas afectan el agua de los ríos; la contaminación del ambiente afecta la salud de las personas y de los animales. En el caso de Canadá, el boom de estos productos se está dando en la región boreal de este país, por lo que los daños inmediatos son difíciles de reparar, pues se trata de un entorno muy frágil. Las perturbaciones más negativas son las siguientes:

a) Contaminación de los mantos freáticos:

Uno de los casos difundidos ha ocurrido en Dakota del Norte, lugar donde se ha dado con mayor intensidad la explotación del gas lulita. En efecto, en la región de Williston, la señora Schilke contrató a un experto independiente para que evaluara su pozo de agua y los daños ocurridos a su entorno agrícola. Así en el pozo había estroncio, cromo y cantidades importantes de sulfatos, benceno, propano, metano, cloroformo, butano, tolueno, xileno y sustancias asociadas a la técnica del fracking. No es casual, por ello, que en este estado hayan registrado por lo menos 3 mil 464 derrames que afectan tanto al suelo como al subsuelo. En Pensilvania se han reportados también contaminaciones en el agua.

b) Alto consumo de agua:

Para romper las arenas bituminosas, aparte de un coctel de productor químicos controvertidos, el consumo de agua es particularmente alarmante: 20 millones de litros de agua para cada pozo explotado en Dakota del Norte.

c) Contaminación de la atmósfera:

Con la introducción y la puesta a gran escala de la explotación de gas/petróleo shale, las emisiones de tipo invernadero están aumentando, como ocurre actualmente en Canadá.

d) Aguas contaminadas y radiactivas:

Debido a las reacciones químicas del subsuelo, que al contacto con otros productos desencadena efectos radiactivos, como es el caso del radio. Así a cada pozo se le añaden 235 toneladas de arena y 1.2 millones de sustancias químicas para que el agua se vuelva más viscosa. Recientemente un estudio realizado en Estados Unidos reveló que el coctel de productos inyectados al subsuelo tiene efectos cancerígenos.

e) El problema de la gestión de las aguas usadas:

Por lo general se reciclan mal o simplemente se dejan en lagunas de oxidación no impermeabilizadas.

f) Desestabilización geológica en las zonas de extracción:

En efecto, este tipo de actividad desestabiliza las capas geológicas y provoca pequeños sismos que repetidos crean problemas serios en las estructuras geológicas en varias regiones del mundo. Esto se está viendo en Nuevo León y Coahuila. Esto también ha ocurrido en Reino Unido.

g) Los problemas de salud:

En Canadá es donde se tienen documentados impactos sobre la salud. Las regiones en donde se explota el gas y petróleo de lulita afectan la salud de los habitantes del entorno: varios casos de cáncer, sobre todo en comunidades nativas, pues en regiones boreales es donde se está haciendo la explotación a gran escala.

En efecto, el proceso de inyección al pozo explotado requiere de un concentrado de productos químicos. Así, “Blue Planet Project señaló que más de 25 por ciento de estas sustancias causa cáncer y mutaciones; 37 por ciento afecta al sistema endócrino; 50 por ciento daña el sistema nervioso y 40 por ciento provoca alergias.” Otros casos han sido reportados en Pensilvania. Recientemente Lisa Parr padecía migrañas y vómitos desde noviembre de 2008. Estaban directamente relacionados con veinte pozos para la extracción de gas que rodean su casa, en Decatur, Texas. Un tribunal popular dictaminó el 22 de abril de 2014 que la compañía Aruba Petroleum debía indemnizar a la familia Parr con 2.9 millones de dólares.

En el Congreso de Estados Unidos ha salido a la luz pública que por lo menos 29 substancias que se usan en el fracking son cancerígenas, como metanol y plomo.

En varios países hay movimientos de contestación por el eventual impacto ambiental. Una página de internet mantiene en estado de alerta las discusiones técnicas, pero sobre todo los efectos negativos. El hecho más relevante sobre este tema ha sido la movilización mundial contra la explotación del gas de schite, el 19 de octubre de 2013. Se ha consagrado una Jornada Mundial en la que hubo expresiones en contra en Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia (París, Toulouse y Lille), Reino Unido y, recientemente, en Rumania. En España tampoco ha escapado a esta tendencia, es más, cuatro comunidades autonómicas (Cantabria, Navarra, La Rioja y Cataluña) han prohibido esta técnica en sus territorios. Esta tendencia se observa incluso en varias ciudades de Estados Unidos. En México se ha conformado una coordinación de varias organizaciones sociales contra las supuestas “bondades” del gas shale. Uno de los costos ambientales sería el impacto directo sobre el consumo de agua para 15.9 millones de personas.

LA HISTORIA, CUANDO SE REPITE, ES TODA UNA TRAGEDIA

México va perder la soberanía sobre su petróleo en un momento en que las reservas probadas durarán poco tiempo. Lo razonable hubiera sido mantener por el tiempo que queda el control total de las arenas bituminosas, la explotación en plataforma continental y las grandes cuencas que explota. Vamos en sentido inverso. Cuando más lo necesitamos, lo vamos a concesionar a las grandes empresas trasnacionales asociadas con capital nacional que lo acabarían en menos de diez años.

*Académico de la UAM.
Mail: scea@xanum.uam.mx