Articulista Invitado

Crisis de derechos humanos en México: un gobierno cuestionado

Los acontecimientos de Ayotzinapa han despertado a todos los sectores de la población, pero particularmente se ha dado una movilización en casi todas las universidades.

Los terribles acontecimientos ocurridos en el Estado de México (las ejecuciones sumarias en Tlatlaya) y en Guerrero (la normal de Ayotzinapa), así como los que eran poco conocidos, pero de una gravedad escalofriante, en Coahuila han sacudido la opinión pública nacional e internacional. No olvidemos, por igual, varios pueblos arrasados en Durango y Chihuahua. Ello ha revelado los grados de la impunidad, la inseguridad y el deterioro generalizados de los derechos humanos. Hay una crisis de gobernabilidad y de confianza en las instancias de seguridad e incluso de los derechos humanos. El nombramiento del nuevo ombudsman augura quizás la posibilidad de recuperar este espacio que en su tiempo despertó grandes esperanzas.

Los acontecimientos de la normal de Ayotzinapa han despertado a todos los sectores de la población, pero particularmente se ha dado una movilización en casi todas las universidades y centros de investigación del país. Es de destacarse también la cantidad de apoyos en varias ciudades del mundo, parlamentos, organizaciones internacionales y regionales. Estando yo en Montevideo, en un evento académico, pude constatar la simpatía, el clamor por el caso de estos estudiantes. Nunca se había visto un clamor mundial, casi sincronizado, para apoyar una causa mexicana. Es de destacarse la movilización mundial que ha emprendido Amnistía Internacional, que ha recabado 120 mil firmas de Bélgica, Canadá, Chile, España, Estados Unidos, Italia, Uruguay y del propio México. Podemos afirmar que el país ha despertado de una larga pesadilla donde el poder político parecía coludido con el narcopoder. O prácticamente había una simbiosis entre ambos. ¿Por qué esta crueldad y barbarie? Hemos pasado de noticiarios a una recurrente de notas rojas.

En efecto, el país vive una grave crisis de derechos humanos: el derecho a la vida, pilar de los derechos humanos, se ha visto vulnerado por los asesinatos despiadados contra las poblaciones civiles. Las fosas se repiten en todo lo largo y ancho del país. La política de la actual administración, como el juego del avestruz, era de minimizar o desviar la atención. Por ello, el caso de Ayotzinapa ha sido la gota de agua que ha derramado el vaso de indolencia, indiferencia, impunidad en que la realidad de violaciones a los derechos humanos se diluía. Esto se ha agravado por el aumento considerable de desapariciones forzadas, esta vez atribuibles a la violencia criminal y comunal. Solo para este año se tienen documentadas más de 9 mil 790 personas en lo que va del actual sexenio. No es casual que en la gran manifestación del 20 de noviembre de 2014, las que la han antecedido y seguido, el eslogan más frecuente fue en torno a este grave problema.

La movilización ha ido creciendo cada día tanto numéricamente como cualitativamente. El mundo intelectual y el artístico han estado presentes en diversos momentos. Ayotzinapa puede decirse que somos todos en todos los estados, en los municipios, en las normales, centros de educación superior que han conocido la desaparición, secuestro, asesinato de estudiantes. El Estado en sus distintos niveles o ha pecado de omisión, las más de las veces, o por acción, como es el caso que nos ocupa.

No es de extrañar en estas circunstancias que el Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas haya hecho una crítica seria al gobierno mexicano: “La información recibida por el comité ilustra un contexto de desapariciones generalizadas en gran parte del territorio del Estado parte, muchas de las cuales podrían calificarse como desapariciones forzadas, incluso iniciadas a partir de la entrada en vigor de la Convención. El grave caso de los 43 estudiantes sometidos a desaparición forzada en septiembre de 2014 en el estado de Guerrero ilustra los serios desafíos que enfrenta el Estado parte en materia de prevención, investigación y sanción de las desapariciones forzadas y búsqueda de las personas desaparecidas” (Ver Comité contra la Desaparición Forzada, Observaciones finales sobre el informe presentado por México en virtud del artículo 29, párrafo 1, de la Convención, número 10). En pocas ocasiones los organismos de Naciones Unidas se habían pronunciado fuertemente contra el gobierno mexicano con las prácticas graves de acción u omisión en el campo de los derechos humanos. Los análisis globales o puntuales de Amnistía Internacional y del Departamento de Estado de Estados Unidos van en el mismo tenor. Esto se refleja en las conclusiones del relator de Naciones Unidas sobre la tortura: “Aún persiste una situación generalizada del uso de la tortura y malos tratos en México”. Sin dejar de mencionar otro problema concomitante al anterior: más de 160 mil personas desplazadas en los estados de Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas, Guerrero, Michoacán y Sinaloa (Centro de Monitoreo sobre los Desplazados Internos del Consejo Noruego para los Refugiados). Otro asunto no menor es el número de secuestros: más de 5 mil 144 denuncias por privación de la libertad, según la organización Alto al Secuestro (El País, 27 de enero del 2015).

Desde hace décadas ha habido un reclamo para establecer una comisión de la verdad, ha surgido precisamente en el caso de Ayotzinapa; urge una medida semejante para hacer un balance no solo de algunos hechos graves de violaciones a los derechos humanos, más todavía, apuntar hacia nuevos horizontes. Lo más paradójico del asunto fue que hubo una reforma constitucional en 2010 que inscribió los derechos humanos en la Constitución. Pero, desgraciadamente, del dicho al hecho todavía hay un abismo casi infranqueable. Prácticamente, desde entonces los derechos humanos han sido menoscabados en comunidades, pueblos, ciudades, grupos étnicos; el derecho a la vida se ha diluido en ejecuciones sumarias, escasos juicios conclusivos, y en su lugar se ha instaurado un morbo periodístico que en grandes columnas y con profusión de imágenes vulneran un cierto pudor ante la muerte y sus circunstancias.

*Académico de la UAM.

E-mail: scea@xanum.uam.mx